La inestabilidad de la vida lo alcanzó. Y las emociones de sus presuntos amigos, así como las de él, también cayeron al vertiginoso remolino de la volubilidad.
Y de estar bromeando, sonriendo, terminaron discutiendo, peleando. Y se hirieron. El agraviado fue auxiliado. Luego quedó solo, como siempre.
Literalmente vive en la calle. Sus zapatos de gamuza café, su pantaloncillo corto de cuadros, su playera verde, lucen sucios.
Su rostro moreno tiene también una capa de mugre. El agua escasea, pero más el deseo de limpieza.
Su cabello enmarañado es tan solo un pálido reflejo del desorden que prevalece en su vida.
Se llama José Alfredo Sánchez. Tiene 32 años de edad.
Sentado sobre la acera de la calle Caoba sur, en la colonia Patria Nueva, al fondo de la vía, José recibe el auxilio prehospitalario.
El comandante de paramédicos, Víctor Liho, le limpia y cura las heridas: una herida cortante en la cara, dos en el mentón, así como golpes en todo el cuerpo, es lo que José presenta.
Minutos antes todo era diferente. Sonreía, convivía, bromeaba con varios compañeros de parranda. Pero luego riñeron. Lo golpearon entre todos.
Tras la partida de los paramédicos, José quedó solo, acompañado de sus recuerdos. Pensaba que antes él se reía de la vida. Ahora, la vida se ríe de él.
La inestabilidad de la vida lo alcanzó.












