Son las 5:00 de la mañana. Ella y él madrugaron para sacar su credencial del INE. Ella perdió su identificación hace dos días, cuando le arrebataron su bolso de mano. Él hace tres días cuando entraron a robar a su casa. Historias como ésta se cuentan cada día, mientras se hace fila en la oficina del referido Instituto.
Sentados bajo el toldo de la tienda de abarrotes, ubicada en la 1ª Norte y 15 oriente de Tuxtla Gutiérrez, hay cinco personas.
Fueron afortunados en hallar lugar en las bancas metálicas. Son los primeros. Uno de ellos toma una hoja en blanco y el otro presta una pluma. Hacen una lista.
La única mujer, por el momento, se llama María Eugenia. Tiene unos 28 años. La acompaña su novio. Decidió no andar sola. Tiene miedo.
Y es que hace dos días, dice, mientras caminaba por el Centro de la capital chiapaneca, un hombre llegó repentinamente por atrás y con violencia le arrebató su bolso de mano.
En su accesorio femenino iba su celular, dinero en efectivo, cosméticos y su credencial de elector.
Y de todas las pérdidas, la peor es la tranquilidad. Por eso ahora prefiere que su novio la acompañe siempre.
Al escuchar la historia de María, Leopoldo se contagia y narra la suya.
“Yo también perdí mi credencial. Me la robaron. Hace tres días entraron a robar en mi casa, en la colonia Jardínes del Pedregal. Se llevaron lo poco de valor que hallaron. Y entre varios documentos iba mi identificación.
“Vine ayer a tramitar mi reposición; de vicio madrugué. Necesitan dos testigos”, dice.
María sonríe. Ella será uno de los testigos de Leopoldo, porque ya lleva uno. Leopoldo le devolverá el favor a María, que ya tiene en su novio a su primer testigo.
El sol aparece en el horizonte y pone fin a la plática. Han transcurrido tres horas de espera. La cortina de acero se abre. Son las 8:00 horas.
Hoy fueron María y Leopoldo. Mañana en el INE, habrá nuevas historias.











