Sufría de diabetes, dicen. “Tenía azúcar”. Y tuvo una amarga muerte, solo, joven. Su deceso fue repentino, sorpresivo, doloroso para vecinos, amigos y familiares.
La mujer llora desconsolada. Al parecer es la madre. Aunque le dicen que fue “natural”, no puede concebir la idea de que su hijo ya no esté con ella.
Lo natural es que los padres se vayan primero, no los hijos. Por eso es que un hijo sin padre se llama huérfano, pero una madre sin hijo no puede llamarse de ningún modo.
Y así de indescriptible es el dolor de la progenitora.
La casita de madera, pequeña, se encuentra en la avenida Yucatán, Manzana 88 Lote 4, entre las calles Coahuila y Zacatecas de la colonia Las Granjas.
Adentro, yace inerte quien en vida respondió al nombre René Castillejos Martínez. La diabetes le segó la vida a los 42 años de edad.
Las patrullas de la Policía Estatal y Municipal afuera. Los elementos aguardan al personal del Servicio Médico Forense para que levanten el cadáver y lo trasladen. Y la espera termina casi dos horas después.
Una víctima más de la diabetes. Tenía azúcar amargo.












