Nunca fue abusado física, sexual o psicológicamente, tenía unos padres que lo querían y se llevaba bien con sus hermanos. A pesar de eso, entre 1977 y 1980, cometió cinco brutales asesinatos en los que sometía a sus víctimas a violaciones y torturas, dejando únicamente un torso sanguinolento.
Se trata de Richard Cottingham, quien nació el 25 de noviembre de 1946 en Bronx, Nueva York, ciudad en la que permaneció hasta que, cuando tenía 12 años, se mudó con su familia a New Jersey.
Después de culminar la secundaria, Richard estuvo trabajando como operador de computadoras en la compañía de seguros donde laboraba su padre. Paralelamente a eso, también tomó unos cursos de Informática que lo ayudaron a obtener, ya con 20 años, un mejor trabajo.
Con apenas 21 años Richard mató a Nancy Vogel, una mujer casada de 29 años, madre de dos hijos.
El suceso se dio en 1967, pero nadie supo de la culpabilidad de Richard hasta el 2010, año en el cual confesó lo sucedido.
En el crimen de Vogel, Richard tuvo facilidad para tener a la víctima a su alcance, ya que aparentemente la conocía, y esto pudo haber tenido mucho que ver en el hecho de que el cadáver de Vogel fuese encontrado en el coche que manejara cuando vivía.
En el vehículo, dejado cerca de Ridgefield Park, yacía el cadáver desnudo de la chica. Era claro, por los signos, que Vogel había muerto estrangulada. Las fuentes no mencionan explícitamente un abuso sexual, pero lo más probable es que sí lo hubiera habido.
Irónicamente, la primera detención de Richard, ocurrida en 1969, no tendría lugar por el gravísimo asesinato de Nancy Vogel, sino por algo tan “banal” como conducir borracho, delito que le costó 50 dólares y diez días en la cárcel.
Poco tiempo después de su breve arresto, a los 23 años Richard se casó con Janet, mujer con la cual habría de tener tres hijos.
Transcurrió así su vida con cierta tranquilidad, aunque en 1972 lo multaron y detuvieron brevemente por hurtar algo en una tienda; pero también, y esto ya evidenciaba sus fuertes inclinaciones criminales, lo acusaron de violación con sodomía incluida, aunque las evidencias no aparecieron y Richard pudo salir libre.
Por último y antes de hablar de sus grandes crímenes, habría que acotar que en 1979 (esto es, justo en la época de su carnicería), después de que su esposa se enterara de dos infidelidades, ésta pidió el divorcio y se marchó a Poughkeepsie con sus tres hijos.
El 18 de mayo de 1980, Leslie Ann O’Dell, una jovencita de 18 años, llegó a Nueva York en un autobús salido de Washington. No tenía dinero, necesitaba comer y dormir, y le gustaba el sexo; así que, apenas llegó, contactó con proxenetas que andaban por la estación de buses, y se entregó a la prostitución callejera, sin saber que lo lamentaría cuatro días después.
Si no fuera por lo estremecedor de los gritos de Leslie, el asesino habría acabado con su vida, pero el personal del hotel oyó su agonía y llamó a la Policía. Cuando los agentes irrumpieron en la habitación, Richard tomó sus instrumentos de tortura y salió corriendo, pero otros policías lo interceptaron y capturaron en el pasillo.
Finalmente, tras extraérsele confesiones y realizar las debidas investigaciones, Richard fue encontrado culpable de 15 de los 20 cargos que se le imputaban. El proceso judicial duró tres años, durante los cuales Richard intentó suicidarse dos veces, aunque no pudo escapar de ser sentenciado a cien años en prisión, pena que aún cumple.












