Un robo a casa habitación fue impedido por el propietario, que llegó justo en el momento cuando el facineroso salía del domicilio. El ladrón le propinó varios golpes al agraviado, para evitar que lo persiguiera.
Emigdio Rosales Cundapí, de 52 años, salió temprano de su casa para ir al centro de Tuxtla Gutiérrez, a fin de realizar algunas compras.
Puso llave a la puerta de su casa ubicada en la Calle 5 y Calle 3 Capulines 1.
Si bien la inseguridad es el pan de cada día en su colonia, Emigdio nunca pensó que su casa, en obra negra, oculta tras unos árboles de Capulín, fuera objeto de un ilícito. Y se equivocó.
Porque cuando volvía de su mandado, alrededor de las 13:50 horas, notó que la puerta que da a la calle, estaba abierta y la chapa, forzada.
Su corazón palpitó acelerado y una descarga de adrenalina lo puso alerta. Y justo cuando asomaba el rostro hacia adentro de la casa, su cabeza casi choca con la del facineroso que había allanado su vivienda.
El ladrón aprovechó el desconcierto de emitido y le propinó varios golpes en el rostro y cráneo, con un palo.
Bastante aturdido por los golpes, el agraviado se quedó tirado sobre el suelo. Con impotencia y rabia contenidos, Emigdio vio cómo el agresor huía hacia el norte.
Ni tiempo tuvo de pedir auxilio a los vecinos, muchos de los cuales estaban encerrados viendo la televisión u oyendo música.
Al buen rato, el agraviado pidió ayuda al 066. Y fue así como llegaron policías municipales y paramédicos de Protección Civil Municipal.
Los guardianes del orden nada pudieron hacer para dar con el paradero del agresor. Emigdio fue valorado y curado en el lugar. No quiso ser trasladado.
Aunque adolorido, el colono se sintió contento de haber evitado el saqueo de su domicilio. “No tengo mucho de valor, pero me ha costado hacer mis cositas”, dijo a los policías.












