El murmullo de la corriente fluvial le parece insoportable. Para una pareja enamorada, estar a la orilla del afluente y oír su clásico sonido sería música angelical. Aunque para Leonardo es tormentoso. Le duele todo. Y el corazón lo tiene abatido, prefiere silencio absoluto. Quedó ahí tras ser golpeado por sus “amigos”.
Sus largos cabellos lucen desordenados, como sus pensamientos. No puede entender que los que minutos antes eran sus amigos, hayan cambiado de repente y se volvieran enemigos.
La playera gris y su pantalón de mezclilla de color negro, lucen mojados. Sus zapatos negros, también.
Leonardo “N”, de unos 26 años, estaba dentro del arroyo Potinaspak, en la colonia 12 de Noviembre, al norte poniente de Tuxtla Gutiérrez.
Ahí lo dejaron quienes dijeron ser sus amigos. Pero tras unos tragos de alcohol cambiaron su discurso y su actuación.
El grupo de “amigos” buscó las márgenes del arroyo Potinaspak. Casi siempre el ser humano busca el agua. Inconscientemente, porque es fuente de vida.
Quizá porque casi todos sienten una sed intensa en el alma que no puede ser apagada con nada. Leonardo y sus compañeros la sentían.
Juntos corrieron tras el espejismo del alcohol, creyendo que era el oasis esperado. Pero las serpientes del desierto mordieron. El dolor los volvió a la realidad.
Policontundido
Los amigos se volvieron enemigos. Y golpearon a Leonardo. Lo tiraron al arroyo, no para refrescarlo, sino para que se ahogara. Luego huyeron.
Leonardo hizo un esfuerzo sobrehumano y logró salir a la orilla. Subió a una roca. Ahí esperó en silencio. Su grito se ahogó en su interior.
Alguien pasó, vio a Leonardo y pidió ayuda. Paramédicos de Protección Civil Municipal llegaron. El lesionado sólo pudo musitar su nombre. Abrazado lo subieron a la ambulancia. Lo dejaron en la clínica de la Cruz Roja Mexicana.
El abrazo le curó parcialmente a Leonardo el vacío interior. Tenía hambre y sed de afecto. El tratamiento médico ayudó a sanar los golpes del cuerpo.












