Moto arrollada por ir en ciclovía

Moto arrollada por ir en ciclovía

Un motociclista fue derribado por un auto no identificado, en la capital chiapaneca. El velocípedo circulaba, indebidamente sobre la ciclovía. El culpable huyó. La ambulancia solicitada demoró en llegar.

El joven iba de espaldas al sol, pero viendo hacia el oriente donde sale el astro rey.

Faltaba poco para la romántica puesta del sol en el poniente. No había un mar literal donde se fundiera en una nostálgica despedida, pero sí una multitud de gente y autos sobre el cual rebotaban los rayos solares, creando un falso espejismo de agua sobre el asfalto caliente.

Y dando la espalda a la voz de su conciencia que le decía que la ciclovía es para bicicletas, no para motocicletas, José del Carmen Bautista Avendaño avanzó por el espacio libre.

Era ésta la única manera de adelantar filas sobre el congestionado bulevar Belisario Domínguez de la capital chiapaneca.

Y a la acción ilegal del motociclista que rompía las tablas capitalinas del Reglamento de Vialidad, se sumó otra. A toda acción sigue una reacción. El que siembra cosecha.

Repentinamente un conductor hizo corte de circulación al velocípedo marca Yamaha, placas de circulación 2WF34. José cayó. Se golpeó la rodilla derecha. El pantalón de mezclilla se rompió también.

El culpable huyó, como temiendo que con los aún vigentes rayos solares lo alcanzara el brazo de la justicia. Se fue a refugiar en la sombras de la noche, en el anonimato. Y durmió al cobijo de la impunidad.

Por su parte, José -el agraviado- se quedó esperando la ayuda prehospitalaria. Y la espera se prolongó. Y del dolor pasó a la incertidumbre. Luego a la rabia.

Un grupo de jóvenes rodeó al motociclista para darle ánimo, pero no los primeros auxilios. Y la tarde cayó; la noche también, al igual que cayeron la moto y el motociclista.