Se dirigía a casa. Y quedó a dos cuadras de dar y recibir el abrazo a su esposa. Tan cerca y tan lejos. El joven fue atropellado por un auto “fantasma” que le arrebató la vida.
Sobre su abdomen descubierto luce el rostro de Jesucristo. Quizá lo ideal era haberlo pintado en el pecho, cerca del corazón.
Su playera azul está levantada, rota. Su brazo derecho parece quebrado. Su rostro, pegado al asfalto, está pálido y lastimado.
Entre la oscuridad destaca el color naranja fosforescente de sus calcetas y la mitad de sus zapatos tenis.
Es Efrén Virgilio Hernández Cantoral, de 22 años. “Era un buen muchacho. Trabajaba en Herbalife como vendedor”. La noche del lunes, al filo de las 21:40 horas, retornaba de sus labores.
Se dirigía a casa. El joven cruzaba la calzada Samuel León Brindis (Caminera) de oriente a poniente, entre la 1ª y 2ª Sur Poniente de la colonia Francisco I Madero.
En su casa, ubicada en la calle Central y 2ª Sur, lo esperaba su esposa Beatriz Ramos Guillén.
Y la espera se prolongó. No fue Efrén el que llegó, sino un vecino para decirle que su esposo estaba tirado a dos cuadras de allí.
Al ver al amor de su vida inerte, con vida, Beatriz se arrojó para abrazarlo, mientras gritaba. Fue detenida por los agentes de Tránsito Municipal. La alejaron.
Los presentes, la mayoría vecinos, se conmovieron. De repente Beatriz se desvaneció. La impresión fue tan fuerte. se desmayó. Sus amigas la sostuvieron. La llevaron al otro lado de la calle.
Cuando Beatriz recuperó el conocimiento, el cuerpo de su esposo ya no estaba. Había sido llevado al Semefo, para la necropsia de ley.
Del culpable nada se supo. Los testigos sólo dijeron que era un Golf blanco, que iba de sur a norte, muy veloz. Al parecer Efrén se quedó a media calle y allí fue embestido.
“Pinten rayas” para delimitar los carriles, exigieron los vecinos.












