Un joven perdió la vida embestido por un auto no identificado la noche del sábado en Tuxtla Gutiérrez. El peatón, al parecer en estado de ebriedad, cruzaba el libramiento Sur de Tuxtla Gutiérrez, cuando fue atropellado. Murió de manera inmediata. Identificaron el cuerpo su padre, madre y decenas de familiares.
Primero llegó un muchacho. Pidió que le mostraran la foto del joven atropellado. Es que el zapato tenis le pareció conocido. La pulsera de plata, situada a un metro del cuerpo inerte, dice “Eduardo”. Y el curioso tiembla al pensar que se puede tratar del “Guayo”, su primo. Y la foto confirma sus temores. Toma el celular y llama a su tío José Luis Jonapá. Minutos después arribó un taxi. De la unidad descendieron dos hombres. Uno es José Luis. El otro, su sobrino. –Por favor, muéstrenme la foto –Exclamó. Y al ver la imagen del joven atropellado, se meza los cabellos. Lanza una exclamación obscena. ¡Sí es él, es él. Mi guayo! Un policía le pide los datos de su extinto hijo. José Luis corre como loco. “No quiero nada, no me digan nada”. Y le marca a su esposa. –Mira negrita, el Guayo tuvo un accidente, no te vayas a espantar. Vente al libramiento Sur, frente a una gasolinera. Por marisquería El Mar. Y con la madre de Eduardo llegan decenas. Primos hermanos, amigos. La mayoría luce en estado de ebriedad. Al parecer convivían juntos, en la colonia Popular, donde viven. Uno de los primos grita desesperado mientras abraza a su tío José Luis. “¡Por qué el Guayo, tío, por qué el Guayo!”. Y añade con furia: ¡Quién fue el maldito! Nadie contesta. Pero muchos lo piensan. El culpable huyó. Sobre el concreto hidráulico yace una parrilla de plástico negro, al parecer de una camioneta marca Mitsubishi. El tenis izquierdo de Eduardo Gómez, de 24 años, quedó unos 12 metros antes del cuerpo. Allí se produjo el impacto. Eduardo voló hacia el oriente. A cinco metros, hacia el sur, quedó el zapato derecho. Su pulsera con su nombre grabado, a un metro, hacia el norte. Personal de Criminalística y Forense de la Procuraduría General de Justicia del Estado miden, toman fotos, levantan el cuerpo y se lo llevan al Semefo para la necropsia de ley. La madre de Eduardo se desmaya. Una jovencita corre por alcohol y agua a su casa aledaña. Y todos lloran la partida inesperada del joven, que laboraba como ayudante de mecánico en la colonia Francisco I Madero. Ya no pudieron despedirse de Eduardo. - ¿Y quién mató al joven? Aunque nadie lo dice, fue el alcohol. La ingesta de esta droga legalizada, es la principal causa de muerte por accidentes en adolescentes y jóvenes. –Es que si van a tomar mejor es que se encierren en su casa – dice un policía. –No, lo mejor es que de plano no tomen – lo corrige otro.












