Dicen que fue muerte “natural”. Los familiares ya no permitieron que los policías entraran a la casa. Algunos dicen que probablemente se suicidó. Muchos consideran que fue el mortal veneno del alcohol mezclado con la nostalgia, lo que finalmente lo mató.
“No, ya no tiene caso. Váyanse por favor. Fue muerte natural”, dice una mujer de la tercera edad.
Los elementos operativos apenas subían las gradas de tierra para ingresar a la casa ubicada en la avenida Coyatoc esquina con calle Mazú, cuando la mujer parada en la puerta los rechazó.
Los vecinos se alertaron al ver las tres patrullas (dos de la Policía Fuerza Ciudadana y una de la Policía Municipal).
“No hay nada que investigar. No necesitamos que venga el Ministerio Público”, agrega la mujer llorosa pero firme.
Es increíble que con tanta facilidad hayan determinado su muerte, sin siquiera permitir que paramédicos lo valoraran.
Los vecinos tampoco lo creen. “Pero si apenas lo vimos pasar hace un ratito”, dicen.
En la esquina, bajo un árbol de almendra, dos hombres contemplan la botella de aguardiente que tomaban minutos antes con el ahora difunto.
“¿Cómo que se murió Carlos?¿Pero si lo estamos esperando para seguirle al chupe?”.
Carlos César Álvarez Martínez tenía 53 años de edad.
Ayer lo dieron por muerto, pero en realidad murió hace tres meses. Sí, es que hace 90 días falleció su esposa. Un moño negro en la puerta de su casa marcado con el número Manzana 7 Lote 1, lo confirma.
Y desde entonces Carlos comenzó a embriagarse. Sólo pedía la muerte. Los vecinos comentan que antes de ese día no probaba ni gota de alcohol.
Entonces, su muerte sí fue “natural”. Porque su mente se obsesionó con la idea de la muerte, durante 90 días. Porque ingirió alcohol de manera ininterrumpida durante tres meses. Porque el mar de sus ojos se secó y al no poder llorar más la partida de su esposa, decidió acompañarla.
Su muerte fue natural porque el extraño veneno del alcohol mezclado con la nostalgia, finalmente lo mató.












