Nacido para proteger y servir

Nacido para proteger y servir

Chispas de metal derretido caen al suelo. Parece un pequeño volcán en erupción. El proceso cesa. Las piezas metálicas están unidas. Las grandes cosas de la vida están formadas de pequeños detalles. Y ahora, con varios puntitos de metal, se ha terminado una obra de balconería que dará seguridad en la SSyPC. El hombre se quita el guante. Levanta la careta: es Mauricio Miranda Ramírez.

El hombre es alto, fuerte. Viste un uniforme todo de azul marino. En su hombro derecho luce el logotipo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Dice: “Estado de Chiapas. Proteger y Servir”.

El hombre tiene pulso firme. Tuvo la formación para ser policía operativo. Aprendió cómo afinar la puntería. Pero sobre todo aprendió disciplina y combina ambos elementos ahora en el taller de mantenimiento, como balconero.

Sus hábiles manos manejan el esmeril y la cegueta. Con rapidez enciende y apaga la planta de soldar.

Parado en silencio, Mauricio concibe la idea. Luego la plasma en una libreta. Posteriormente da forma a su pensamiento.

Y las chispas comienzan a saltar en una danza llena de luces, acompasadas de ruidos amorfos.

La corriente eléctrica pasa por el electrodo, calienta el punto hasta que empieza a derretirse en el sitio de contacto. El metal fundido entre las dos piezas antes separadas, fluye y ahora se unen; entonces la corriente se apaga y el metal fundido se solidifica formando una conexión metálica sólida entre las dos piezas.

Mauricio escribe poesía con el electrodo insertado en la pistola, la cual conectada a la planta de soldar.

Con la mano firme “escribe” punto a punto metálico, el poema de trabajo, valor, lealtad. Él no divide, sino une. Y la unidad es hermosa, porque da fuerza.

“Lo traigo en la sangre”, dice al explicar que procede de familia de balconeros.

Su padre era balconero. Pero no le impuso el oficio a sus hijos. Mauricio y sus hermanos se enamoraron del oficio. Y pidieron ser enseñados. El padre, gustoso, les transmitió sus conocimientos.

Ahora, Mauricio y tres hermanos suyos son maestros balconeros.

Pero además del oficio, comparten el amor por la patria. “Mi padre fue militar. Tengo un hermano militar activo y otro retirado. También tengo un hermano expolicía. Yo fui militar a los 20 años, en 1990. Me retiré en el 2000”, cuenta emocionado, pero parco.

Sobre sus inicios en la SSyPC relata que en el 2006 salió la convocatoria para ser parte de la Policía Estatal Preventiva. Se dio de alta.

Tras ser preparado en la Academia de Policía, fue enviado al cuartel y luego comisionado al sector de Palenque.

Luego de seis años como policía operativo, fue asignado al área de mantenimiento de la SSyPC como balconero.

De sus manos han salido el domo de Equinoterapia, las casetas de los puntos de revisión, las rejas de barandilla, puertas de almacén, entre otros.

Al terminar su jornada laboral, Mauricio se quita el uniforme. Está franco. Y tras descansar y comer, se alista para ir al taller de balconería familiar.

En el humilde negocio marcado con el número 1735, dice “Balconería Miranda”. Sus hermanos sonríen al verlo y lo saludan.

Sus manos chocan en un breve pero afectuoso saludo. Luego se afianzan a la cegueta, al esmeril, a la planta de soldar.

Aprendimos primero a cortar, luego a colocar pequeños puntitos, dice Mauricio.

Hace 30 años que lo aprendió, y lo que bien se aprende nunca se olvida.

“Tuve el gusto de ser policía operativo y aunque ahora soy balconero, sigo siendo policía”, dice sonriente.

Él es Mauricio Miranda Ramírez, balconero, policía de la SSyPC, nacido para proteger y servir.