Niño extraviado y rescatado

Niño extraviado y rescatado

El alma se le fue por unos 10 minutos a la mujer, tiempo en que perdió a su nieto en el corazón de Tuxtla Gutiérrez.

La vida le volvió al cuerpo con el regreso del pequeño, gracias a la reacción inmediata de unos policías que lo buscaron y hallaron a cuatro cuadras del Parque Central.

Perder un bien es terrible. Perder la salud es desastroso y perder a un nieto en el Centro de Tuxtla, fue la locura para ella.

Al ver que su nieto ya no estaba a su lado, la mujer casi se desmayó. Miró al cielo, luego hacia el frente. Estaba parada justo frente a la catedral San Marcos.

La mujer hizo la señal de la cruz, se enjugó las lágrimas, cargó sus pulmones de oxígeno y corrió a la Calle Central. Pidió auxilio a unos policías que pasaban en su moto patrulla.

La abuela refirió que, ilusionada por tener a sus nietos con ella, quiso pasar más tiempo con ellos. Y se los llevó al Centro de la capital chiapaneca, para hacer sus mandados.

Los niños, gemelos, de unos cinco años de edad, iban felices de estar con su abuela, pero un poco asustados por ver a tanta gente caminando y a muchos autos circulando.

Mientras caminaban tomados de la mano de su abuela, uno de los gemelos se detuvo. La agujeta de su zapato se había desatado.

Temerosa de que el niño pudiera pisar su agujeta y caer al suelo, la abuelita se detuvo. Se agachó para atar la cinta del calzado.

Y un segundo de descuido bastó para que el otro nieto se esfumara entre la gente.

Cuando la abuela se incorporó, su corazón dio un vuelco, porque uno de sus nietos ya no estaba.

Afortunadamente los policías y la abuela tuvieron claridad de mente. Actuaron rápido. Cuando los agentes pidieron características del infante no hubo necesidad de perder tiempo valioso en detalles. “Es como él y va vestido igual”, dijo la abuelita mostrando al gemelo.

Y así, los policías patrullaron la zona Centro. Por fortuna, hallaron al niño cuatro cuadras adelante. Había caminado dos hacia el sur y dos al poniente.

La apesadumbrada abuela, que ya pensaba en que explicación daría a su hija, volvió a vivir cuando contempló a su nieto que volvía con los policías.

Corrió para abrazarlo. Lo besó. Tomó las manitas de ambos, hizo de nuevo la señal de la cruz y se fue a casa antes que otro incidente ocurriera.