Ola de robos inquieta en Chiapa de Corzo

Ola de robos inquieta en Chiapa de Corzo

Las olas que hacen las lanchas sobre el río Grijalva se replicaron en olas de robo, en gran parte de Chiapa de Corzo. Algunos ilícitos fueron denunciados ante este medio. La Policía Municipal brilla por su ausencia. Los encargados de atender las querellas, pecan de irónicos, ignorantes y apáticos, dicen los quejosos.

La mujer cerró la puerta de su casa ubicada en la avenida capitán Vicente López, para dirigirse a la misa fúnebre. Su madre pasó por ella a las 10:00 de la mañana, del 17 de marzo.

Luego de la misa en la iglesia de Santo Domingo, en el corazón de Chiapa de Corzo, la mujer fue a comprar las cosas para la comida de ese día. Después fue a la escuela primaria, por sus hijos. Allí los alcanzó su esposo.

Juntos llegaron a su casa, en el barrio San Jacinto, de la colonial ciudad.

Y uno de los niños fue quien notó que la chapa de la puerta que da a la calle, estaba violada.

“Niños métanse al coche, yo entro”, dijo el esposo. La mujer fue corriendo a ver a su vecina. “Disculpe, ¿no vio usted quién entró a mi casa?”.

La respuesta fue negativa.

Los cuartos eran un desastre. Todo revuelto. Las chapas de las puertas, violadas.

“Yo oí que ladraban los perros. Vi a un chavo que vestía pantalón de mezclilla y sudadera verde”, dijo un testigo.

El alhajero de madera estaba abierto y vacío. El ladrón revisó todo: recibos de agua, actas de nacimiento, fe de bautismos y hasta los ultrasonidos. También sacó toda la ropa.

El facineroso se llevó el dinero de la quincena  y la colegiatura de tres meses que la mujer pagaría al día siguiente.

Sobre la cama, el ladrón dejó un machete, con el cual pretendía enfrentar o agredir al morador que estuviera o entrase a la vivienda.

La agraviada preguntó con los lancheros, pero nadie vio nada.  Al parecer el ladrón entró por la calle y salió por el patio trasero.

Los agraviados llamaron a las autoridades. Nadie llegó luego de dos horas de espera.

Al filo de las 15:00 horas, la mujer fue a presentar su denuncia formal ante el Ministerio Público del Pueblo Mágico.

Al llegar le preguntaron “¿Qué quiere?”- “Me acaban de robar”, respondió la fémina.

“Espere, en breve le atiendo”, le dijeron. Casi una hora después otra pregunta. “¿Vio quién era?”. No, no estaba, dijo ella.

“¿A qué hora fue el robo?”. Ya le dije que no estaba, salí a las 10:00 y regresé a las 13:00 horas, pero no sé a qué horas fue, respondió ella, molesta.

El interrogador fue llamado a comer por sus compañeros. Hacer dos profundas preguntas le dio hambre. La denunciante decidió regresar a casa. Sus hijos aún no habían comido y a los funcionarios parecía valerle un cacahuate la denuncia de la mujer.

Antes de irse, la agraviada le dijo al Ministerio Público: “A la próxima vez dejo suelto a mi perro y no respondo si mata al desgraciado que entre a mi casa. Anótelo en su escrito”.

Asustado el funcionario preguntó: “¿Que raza es su perro?”. “Uno con el que no se juega. Es Pit Bull”, dijo ella.

Al ver molesta y decidida a la mujer, el Ministerio Público le dijo: “Usted necesita ayuda psicológica. Vaya a la oficina siguiente”. Ella obedeció, pero antes de firmar el documento de “ayuda”  preguntó: “¿Esto me va ayudar a recuperar lo perdido? Si no es así, no tiene caso”.

Antes de salir de la oficina, a la mujer le dijeron que en dos o cuatro días la llamarían para que un perito fuera a revisar todo. Y a la fecha nadie la ha llamado.

“No puedo dormir de noche, tengo miedo que alguien entré de nuevo”, dice la mujer acongojada.

Al quedarse sin nada de dinero, ella tuvo que buscar empleo de lo que fuera. Solo tras una semana de trabajo pudo colocar de nuevo las chapas de las puertas. Antes, prestó dinero para poner una cadena gruesa y un candado a la puerta principal.

Ahora debe pagar cuatro meses de colegiatura de su hija.

El 23 de marzo, el robo se repitió en la misma cuadra, en la casa de una vecina. A la misma hora y mismo modo de operar del ladrón.

“Esa vez la Policía Municipal llegó tarde. Y al preguntar la hora del robo, dijeron que ya no podían hacer nada porque ya había pasado más de una hora”.

Chiapacorceños dicen que su pueblo mágico se ha convertido  en blanco perfecto de la delincuencia, desde que el actual alcalde se llevó a los policías municipales a vigilar su casa.

“Él (edil) vive al otro lado del río, y los polis cuidan de este lado, en la rivera. Y la ciudad quedó sin vigilancia”, indicaron.

Entrevistados, quienes pidieron el anonimato por temor, dijeron que los dueños del restaurante “El Parachico” (a la entrada del pueblo) fueron “levantados”. “Los llevaron a retirar todo el dinero de la cuenta. Dicen que a las mujeres las violaron y las dejaron en la topada de la flor. Eso es rumor, pero lo del robo sí fue confirmado. Nadie dice nada por temor”, indicaron.

Tres días después, un local de artesanías en pleno centro de la colonial ciudad, fue saqueado mientras la dueña estaba en Tuxtla comprando material.

Al descubrir el robo, a su regreso, la agraviada corrió a la Presidencia Municipal para pedir ayuda policiaca. El único elemento que estaba se disculpó. “No tengo radio para pedir apoyo”, dijo.

Este fin de semana hubo una riña callejera a las 9:00 de la noche, durante una fiesta en el barrio San Jacinto. Se llamó a la Policía Municipal, pero llegaron como a las 10:30, cuando ya todo estábamos olvidados de la solicitud y los rijosos se habían retirado, indicaron los denunciantes.

“Los patrullajes de la Policía Municipal son solo dos veces al día. Uno en la mañana y otro en la noche, por unos minutos. Eso es todo”, dijeron.