Se le quiebra la voz al hablar. Antes, se le quebraron las piernas. Pero mucho antes, se quebró su ilusión de vivir. Se acabaron los sueños, los ideales y envejeció en plena juventud. Tiene 24 años. Tiene una segunda oportunidad de vida, aunque saltó del puente buscando la muerte.
No es que quisiera hacerlo público. Simplemente caminaba por allí cuando la ciudadela del alma fue tomada por asalto y los pensamientos dieron el “golpe de Estado”: ordenaron “saltar” al joven.
Rafael “N”, de 24 años, está internado en Urgencias del IMSS 5 de Mayo. El oxígeno suministrado le aclara la mente y razona. Pero no era así horas antes.
Cuando el joven caminaba sobre el Libramiento Sur y carretera a Villaflores, se detuvo. Observó el puente. Luego miró hacia abajo. La altura parecía suficiente, unos cinco metros. Si un auto pasaba sería mucho mejor. Y saltó.
Paramédicos y policías se preguntaban ¿por qué lo hizo? Hace meses un anciano de 75 años saltó del puente Belisario Domínguez, al río Grijalva. Murió. Estaba en fase terminal de un cáncer. Pero Rafael está sano.
Hace meses, Ricardo se ahorcó en la colonia Yukis. Estaba desempleado. Pero Rafael tiene trabajo.
Sin duda le falta esperanza. Y sin ella se pierde las ganas de vivir, los sueños, los ideales. El sol es opaco y los días grises. El pesimismo es el pan de cada día y la tristeza la bebida favorita.
Rafael quiso, voluntariamente, hundirse en la arena movediza de su abandono. Pero no cayó de cabeza, como planeó, sino de pie.
Por eso se le quebraron las piernas. Por eso se le quebró la voz.
Pero hay una segunda oportunidad. Y las piernas se restablecerán. Y la voz se afirmará. Y la ilusión de vivir retornará. Y en vez de buscar ir hacia abajo, el joven irá hacia arriba. Eso es juventud: entusiasmo, esperanza, retos, sueños e ideales.












