Parece apenas un niño. Su voz lastimera busca remover la compasión entre los policías y curiosos, pero tiene la malicia de un adulto, eso dicen los que lo conocen. “Se droga, pide dinero y a veces, como en este caso, roba”, comentan. Es subido a una patrulla de la capital y llevado únicamente por falta administrativa, la parte agraviada no presentó su queja formal.
“No sé nada, yo estaba jugando”, dice con la mirada asustada, sentado dentro de la patrulla.
Pero una mujer lo sindicó como el que junto a otros vándalos, intentaron robar a un chofer vendedor de una conocida empresa refresquera.
Aparentemente es menor de edad. Los demás son jóvenes. Unos dicen que eran como siete. Otros que eran cuatro.
Lo cierto es que el reporte al 911 indicaba de un robo en proceso a un camión que transportaba refrescos embotellados.
Los policías llegaron rápido. El camión ya no estaba, pero sí vieron correr a varios jóvenes entre los matorrales.
Los elementos subieron al predio ubicado justo a un lado de la delegación de la PGR y corrieron tras los facinerosos.
“Tan chavos, nos llevaban como 600 metros de ventaja”, comenta un oficial agotado, jadeante.
“Por poco los alcanzo, pero se metieron a una casa que está por la capilla. Otro se fue a un predio baldío allí cerca”, dice.
Uno llevaba una mochila. Al parecer en ella iba el dinero sustraído, cuyo monto no fue precisado.
Fue este menor el que regresó por la calle Puxinú del fraccionamiento Zoque, el que fue señalado por una mujer como presunto culpable del ilícito. Y lo agarraron.
Dicen que en su cangurera llevaba hierba verde, al parecer marihuana. Sin embargo, la policía municipal dijo que solo sería llevado a “La Popular” por falta administrativa, es que el agraviado nunca se presentó a poner su querella formal.
Abraham “N” (17 años) fue llevado a la cárcel a pesar de su voz lastimera que buscaba remover la compasión entre los policías y curiosos.












