El joven bolero se detiene sorprendido. También se sorprenden los peatones y hasta los policías que resguardan las calles del Centro de Tuxtla. Es que no es muy usual ver a un policía compartir sus alimentos. Menos cuando se está de pie, cansado, esperando la hora de la comida.
La gente va y viene sobre la 1ª Poniente de Tuxtla Gutiérrez. Ya no están los puestos de los vendedores ambulantes, pero igual cuesta transitar a pie o en auto. Los comerciantes no se rinden y atestan las aceras. Venden a pie, pero siguen vendiendo.
Con las mercancías sobre sus hombros o manos, ofrecen el producto.
Los policías observan. Eso está permitido, por el momento. Y no interfieren.
La hora de la comida llegó. Una patrulla pasa repartiendo el alimento para los elementos que de pie, cumplen fielmente su consigna de evitar que el ambulantaje retorne al corazón de la capital chiapaneca.
La mayoría de los policías comienza a ingerir sus alimentos. Pero un joven, alto, mira su comida y luego a los pobres que pasan por ahí.
Sus ojos se posan en un joven bolero que se acerca. Cuando lo tiene en frente lo detiene. El aseador de calzados se sobresalta. Cree que lo están confundiendo con alguien que hizo algo malo.
Y ocurre lo inesperado. El policía alarga la mano y le ofrece su comida al bolero. Tras unos segundos de duda, el joven toma el alimento, agradece y se va.
Parece que la acción pasó desapercibida, pero no. Varios peatones lo notaron y aplauden la noble acción. Uno de ellos graba con su celular el momento de altruismo y generosidad.
Algunos compañeros policías que también notan el acto de benevolencia, emulan al héroe anónimo. Esperan a que pase algún necesitado. Y cuando ven a un anciano y un niño, necesitados, les dan su comida.
Anteponen la necesidad ajena a la suya. Piensan en otros antes que en sí mismos. Eso es amor. Eso es vocación de servicio. Estos policías de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana viven para proteger y servir.












