Policías entrenados quedan “al tiro”

La hora de la verdad, con armas y balas de verdad, en el campo de tiro real. Avisaín Alegría / CP
La hora de la verdad, con armas y balas de verdad, en el campo de tiro real. Avisaín Alegría / CP

“¡Todos al suelo, al suelo!” se escucha. Tres policías vestidos de negro son los que gritan. Luego salen con los “detenidos”. Parece tan real, pero es solo un simulacro. Es una práctica en el campo de Gotcha.

“Gotcha es un juego, pero un juego de preparación para policías”, dice el comandante.

Todos los participantes lucen bien protegidos, con cascos, corazas, espinilleras.

Cuatro policías ingresan a la “casa”. Se refugian atrás de paredes, asoman la cabeza en busca del “enemigo”.

El comandante hace la señal con el puño izquierdo, indicando que hay tres atrás de la otra pared.

Entonces entran con rapidez y gritan “¡al suelo, al suelo!”. Luego salen con los “detenidos”.

En el “operativo” se realiza un “enfrentamiento” a “balazos”. Se oyen las ráfagas. Las balas de goma silban al surcar el aire.

“Gotcha sirve para capacitar al policía en intervención policial. Es lo que más se asemeja al fuego real. No se puede usar armas de verdad en la preparación; pero de este modo es muy cercano a lo real”, agrega el que comanda el grupo.

Durante el “operativo” de rescate y detención, se observa que el elemento debe cubrirse a sí mismo y cubrir a su compañero.

“Esta práctica es algo ya establecido, preparada de antemano”, explica Reynaldo Vázquez Hernández, instructor certificado ante el Sistema Nacional en Armamento y Tiro Policial.

Así, lo aprendido en el aula teóricamente se pone en práctica en el campo de Gotcha. Allí se trabaja conforme a la función de la línea, del pelotón o del personal de ingreso, añade el comandante.

Además del simulacro, los elementos obtienen un amplio conocimiento en manejo correcto del armamento.

El policía aprende el proceso de arme y desarme.

“Antes de ir a un campo de tiro real, se practica con un campo virtual”, dice Reynaldo. Al policía se le da un arma de fuego de verdad, pero sin cartuchos.

Ya en el campo de rito real, con el arma de verdad, abastecida de cartuchos, el instructor enseña a los policías a disparar.

“Con ama corta (pistola) se doblega un poco las rodillas, se mantiene el ama a la altura de la cara, a unos 20 o 25 centímetros del rostro, para un buen disparo”, les indica.

Cuando el disparo se hará con armas largas, se puede hacer con la rodilla apoyada en tierra, para más estabilidad, dice.

Y mientras sostiene el rifle, listo para disparar, Reynaldo agrega que para un disparo de precisión se debe apoyar la culata en el nacimiento del hombro, para evitar el retroceso del arma de fuego.

La instrucción terminó por hoy. Pero la capacitación apenas comienza. Un buen policía no es aquel que solo sabe disparar. Por eso Reynaldo dice que él, como instructor, también les enseñará ética, valores, conocimiento, fundamento legal de su actuación, entre otras cosas.

Así, al cabo del tiempo, al concluir su capacitación, el policía quedará “al tiro”, listo para servir y proteger.