El cofre de la camioneta quedó a centímetros de la pared del templo. Fue un milagro, porque el chofer hubiera resultado lesionado y eso hubiera empeorado la situación. Los daños materiales por el choque fueron de 25 mil pesos. Al joven chofer vendedor le dolió, estaba que se lo llevaba la “tostada”, pero se consoló con la idea de que “el dinero va y viene”. El accidente ocurrió en Tuxtla Gutiérrez.
La ambulancia PCA-03 de Protección Civil Municipal partió a su base. No llevaba a nadie. El comandante de paramédicos, Alejandro Moreno, llegó para valorar a un hombre involucrado en el percance, pero estaba bien.
En el lugar quedaron los dos autos y los dos conductores, además del perito de Tránsito Municipal.
La camioneta marca Nissan tipo Estaquitas, color blanco, con placas de circulación CW-44640, circulaba de sur a norte sobre la 10ª calle Poniente de Tuxtla Gutiérrez.
El conductor, chofer vendedor de una conocida empresa de tostadas y botanas, tomó esa vía debido al bloqueo que indígenas habían hecho sobre el libramiento Sur, a la altura de la 3ª Poniente.
Al llegar a la esquina con la 12 avenida Sur, quiso ganarle el paso a un coche que se acercaba con preferencia.
Era el automóvil marca Chevrolet tipo Optra, color blanco, con placas de circulación DRH-4482, que avanzaba de oriente a poniente.
Al interponerse en el camino del coche, la camioneta fue impactada en el costado derecho, parte delantera. Por lo cual se subió a la acera y cuando parecía que se impactaría contra la pared del templo, la unidad se detuvo.
El chofer vendedor descendió nervioso. Sabía que debería pagar una fuerte cantidad de dinero. La camioneta a pesar de ser de la empresa, no está asegurada. El otro auto tampoco estaba asegurado.
Así que llamaron a un hojalatero y su cotización hizo que el culpable se fuera para atrás: 28 mil pesos, solo el Optra.
“No, no tengo dinero. Mi empresa tiene su hojalatero, se te va a reparar tu coche, pero aguántame porfa”, le dijo al agraviado.
Mientras esperaban al hojalatero de la empresa, los implicados tuvieron tiempo de mirar hacia el templo Adventista del 7º Día, erigido en lo alto del predio aledaño. Ahí se detiene el tiempo cada sábado. Los adoradores se sacuden al menos ese día, el nocivo estrés que tanto estrago hace en chicos y grandes, hombres y mujeres. Ayer, el estrés le costó al joven chofer, 25 mil pesos. No le fue tan mal, a otros les ha costado la salud e incluso la vida misma.












