Problema familiar moviliza a policías

Policías, abuelo y padre airados, frente a la refaccionaria. A. Alegría / CP
Policías, abuelo y padre airados, frente a la refaccionaria. A. Alegría / CP

Con el coraje que le dio el amor de madre y el dolor por la separación con su hija, una mujer arrancó a la infante de la mano de dos hombres: Su padre y abuelo. Los presuntos agraviados llamaron a la policía, que nada pudo hacer. Y eso le dolió más a los despojados.

El hombre de la tercera edad no se cansaba de tomar fotos con su celular a las dos moto patrullas. Luego anotaba en un pedazo de servilleta tirada en la calle, el número económico de ambas.

En su mano sostenía una pequeña mochila. Nervioso abría una y otra vez el cierre. La mini maleta estaba vacía. Así como vacía quedó el alma del hombre. Y por eso reaccionó violento.

-¡No puede ser que no hagan nada! ¿Para qué vinieron entonces?

El otro hombre, más joven, al parecer hijo del hombre mayor, reacciona molesto y también. Encara a los dos policías municipales.

- ¿Cómo te llamas? ¡Identifícate!

- Ah burro, por qué me voy a identificar. Tú llamaste al 066, nosotros solo venimos para dar el servicio.

- Pues que bonito servicio. No sirven para nada. Debieron seguir a la mujer. Esto es un secuestro. Se llevó a mi hija.

El joven, con el corazón vacío como la mochila que dejó su pequeña, dice llamarse Mauricio López Hildeguera.

Al parecer su esposa, con quien están separados, les arrebató a la pequeña que procrearon.

- No, no es secuestro, esto es un pleito de parejas. La mamá tiene derecho. Por ser niña le corresponde la patria potestad – contestaron los agentes.

Y Mauricio desesperó aún más. La acalorada discusión se desarrollaba en la esquina de la 10 Sur y 3ª Poniente de la capital chiapaneca.

Allí hay una refaccionaria. Allí venden piezas que les faltan a los autos. Pero en Tuxtla Gutiérrez, aún no existe una refaccionaria para matrimonios fallidos.

Y Mauricio no encontró a tiempo la pieza o piezas para su hogar. La relación ya no marchó sobre ruedas. Cayó al enorme bache de la división. El abismo fue insalvable. Y una pequeña sufre ahora las consecuencias del yerro de piloto y el copiloto, quienes perdieron el volante, pisaron de más el a celerador y olvidaron el freno de la tolerancia.