Dos jóvenes vendedores ambulantes se enfrascaron en una riña callejera, ayer en Tuxtla Gutiérrez.
Al parecer más que medir fuerza física competían por territorio comercial o incluso amoroso.
Dos personas intervinieron para apaciguarlos. el resto quería una función de box gratis.
“Ya hijo, ya cálmate, no te conviene seguir el pleito. Va venir la policía y te va ir mal”, le dice el hombre alto, fuerte, mientras lo abraza y sujeta con fuerza.
El joven resopla, se jalonea, desea seguir la reyerta. No se desahogó. Siente que iba ganando la pelea.
Se encontraba sentado sobre la góndola de la camioneta cargada con rambután, estacionada, sobre la calle Central y 5a Sur de Tuxtla Gutiérrez.
El día era malo para las ventas. Había soportado estoico el calor sofocante. Pero no pudo soportar el insulto verbal de otro joven, que al igual que él, vende sobre la vía pública, a unos metros de su “local”.
Vendado de la mano izquierda, el oponente pasó cerca del vendedor de rambután, le pateó una pierna y le dijo que se iba podrir. “No vas a vender nada. Nadie quiere rambután. Ni las moscas van a venir a pararse”.
Y es que además, el precio del rambután se desplomó a causa de los bloqueos carreteros.
Esto fue más de lo que el joven agraviado pudo soportar. Se levantó y encaró a su oponente.
Comenzó la pelea. A los pocos segundos los peatones los rodearon para presenciar la exhibición gratuita.
Fueron dos hombres que pasaban por ahí, que intervinieron. cada uno de los pacifistas sujetó a un rijoso.
Pero fue uno de ellos, el más alto, que además de fuerza física mostró agudeza mental.
“Ya hijo, ya cálmate, no te conviene seguir el pleito. Va venir la policía y te va ir mal. Mira, no se cual sea el problema, pero todo tiene solución”.
“Respira hondo por favor, no mires al bato. Piensa en tu carro, se va quedar solo si te llevan al bote, vas apagar multa. Te pueden golpear”.
“En la vida un hombre no se mide por la fuerza de sus músculos, sino por su fuerza de voluntad. Para dominar tus impulsos debes ser fuerte. Sé que quieres pelear, pero como verdadero hombre reprime tu impulso”.
“Si ese chavo te ofendió, déjalo, la vida pasa facturas y ya cosechará lo que sembró. Tu tranquilo y ocúpate en lo tuyo. Te voy a soltar. Me voy a ir, pero espero que pienses en lo que te dije. Confío en que serás valiente e inteligente para tomar la mejor decisión. Adiós”.
Lo soltó, le dio una palmada en el hombro y se fue.
Se fueron también el oponente y los mirones. El joven vendedor de rambután se volvió a sentar sobre la camioneta, respiró hondo y decidió ser hombre para reprimir su impulso de ser violento. Y venció. Nadie le celebró su triunfo de paz. La gente quería ver más box.












