“¡Cierra, cierra!”, grita desesperado el hombre. El otro lo obedece enseguida. Pero ya todos se dieron cuenta del ilícito. Incluso los policías. Pero nadie hace nada en su contra. El bar “Los Jarrones”, dice ser “Diurno”, pero la noche del lunes, estaba abierto hasta las 22:00 horas. Afuera se desarrolló una riña que terminó en robo.
“Creo que la policía está de acuerdo con los delincuentes”, dice el joven molesto y con los ojos rojos a punto del llanto.
“No estoy borracho, solo tomé una cerveza. Salí a comer una hamburguesa. Salieron tres chavos y me golpearon. Me defendí. Huyeron en un Vocho rojo”, afirma.
Apoyo
Su madre llegó al lugar. No lo reprendió. Estuvo a su lado en silencio. La policía llegó, persiguió a los rijosos. Al parecer no los alcanzaron “o se produjo algún acuerdo”, sospecha el muchacho.
En su cartera tenía mil 500 pesos y documentos importantes. Y por el pleito, ya ni la torta se comió. Le reventaron el labio inferior. La policía se retira. “Vete ya a tu casa”, le dicen al muchacho. “¿Por qué me voy a ir?”, dice molesto. Y se queda.
El portón del bar “Los Jarrones”, está cerrado. Solo la presencia policiaca y de los reporteros les hizo acordarse que el turno diurno había terminado desde hacía varias horas.












