Su nombre proviene del griego Teodorus que significa “Don de Dios”. Y se ha encargado de vivir a la altura de su significado etimológico. El agente Teodoro instruye a chicos y grandes, civiles y policías. Los prepara para defenderse y defender a otros.
Su voz es firme y fuerte al llamar a formación en la cancha, bajo el domo. “Chumbí”. Los niños corren. Han aprendido disciplina y respeto por el instructor.
Ataviados con sus uniformes blancos, los cinturones de diversos colores indican el grado que tiene cada alumno. “Deseo ser como mi maestro, Cinta Negra Segundo Dan”, dice una niña. Y puede ser que lo iguale o supere, si se aplica.
La pequeña, junto a decenas de menores, es instruida en Taekwondo por el agente Teodoro, en la cancha de usos múltiples en Copoya.
Los pies firmes sobre el suelo, forman un ángulo de 90 y 45 grados. Los puños cerrados son lanzados al aire, acompañados de un grito. Los niños observan y emulan al maestro que vuelve a gritar: “Chariot”.
Primero pidió su atención (Chumbí), ahora les ordena estar firmes.
De un domo, el agente Teodoro pasa a otro. Atrás dejó la cancha de Copoya, ahora está en el área del Instituto de Formación Policial, donde prepara a los policías estatales con técnicas de defensa personal y uso del PR24.
Los alumnos aquí no son niños, sino cadetes que en pocos meses serán los encargados de dar seguridad a la ciudadanía. Y éstos, como aquellos, son atentos a cada instrucción del maestro. Aquellos buscan obtener cada vez un cinturón de color más oscuro. Estos buscan tener un servicio más claro y definido.
El instructor ordena romper formación. Y cuando sube las gradas, un alumno se acerca para pedirle le enseñe una técnica de derribe. “Lo checamos mañana”, le dice. Primero debe aprender el uso del tolete.
Teodoro dice que ser policía es muy importante, por ser una profesión que exige entrega y compromiso con la sociedad, al servicio de los demás.
José Teodoro López de la Cruz ingresó a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana el 1 febrero del 2002, como raso. Estudió y graduó como técnico profesional en la Policía Preventiva, tras el internado de dos años en el Instituto de Formación Policial.
Fue llamado a servir como instructor en el 2006, tras acreditar la materia de Defensa Personal, uso de bastón policial, por la Academia Regional del Sureste.
La misma carrera la complementó y reforzó por la Academia Regional del Noroeste.
En el 2014 Teodoro terminó la licenciatura en Seguridad y Protección Ciudadana.
“Ser instructor no es fácil, requiere mucho esfuerzo y dedicación”, explica Teodoro.
Pero el esfuerzo le brinda mucha satisfacción por transmitir sus conocimientos a sus compañeros y así forjar nuevos policías, listos para servir y proteger.












