Una mujer quedó con el cuerpo magullado y el corazón destrozado. Ambas lesiones fueron provocadas por su marido. Primero la agredió físicamente para llevarse a sus dos hijos. Luego, con la separación dio el tiro de gracia.
La mujer siente desmayar. Es joven. Tiene 25 años de edad. Se llama Yesenia Guadalupe.
Pero no estaba preparada para enfrentar este doble golpe. No se casó pensando en eso. Soñaba con ser feliz al lado de su esposo. Y su castillo de arena, construido sobre el aire de su espejismo, se vino abajo.
Ayer, quien juró amarla y protegerla, hizo exactamente lo contrario. La golpeó sin misericordia. Y luego tomó a los dos hijos que procreó con Yesenia, y huyó.
Yesenia se aferró a sus hijos, lloró, suplicó. Su cónyuge, con oídos de piedra y corazón de hierro la ignoró.
Yesenia quedó muy mal. Alguien llamó al 066. Del Centro de Comando Comunicación Control y Cómputo (C-4) enviaron patrullas policiacas y una ambulancia.
Los elementos de seguridad intentaron dar con el paradero del agresor y ladrón de hijos. No lo hallaron.
El comandante de paramédicos, Víctor Liho, al mando de la ambulancia PCA-02 atendió a Yesenia.
Los golpes externos no ponían en peligro su vida. Los internos sí. Y no porque sus órganos internos estuvieran lesionados. Es que su alma y corazón estaban deshechos.
“Sin mis hijos no quiero vivir”, decía Yesenia.
Y eso no podía ser remediado por los angustiados paramédicos, que con un abrazo y palabras de ánimo intentaron reanimar a la mujer destrozada.
Yesenia se quedó en casa, en la calle Ciprés, entre avenida Roble y Ahuehuete, de la colonia Patria Nueva.
La casa le parece muy grande ya sin sus hijos. El espacio es enorme sin ellos. Pero más vacío quedó su corazón.












