El niño duerme. Sólo así se olvida del dolor y del hambre. Tiene el bracito vendado y sujeto con un cabestrillo. Su madre lo abraza. El padre contiene su ira. Un taxi los embistió y el taxista les “volteó la tortilla”. Fue en busca de la Policía, lo persiguieron y les quitaron el escaso dinero que les serviría para comer.
Los tres lucen discretos maquillajes de payaso. Son de muy escasos recursos económicos. El padre y la madre, jóvenes. El hijo de dos años y medio.
“A veces la hago de peón de albañil, otras como ahora, de payaso. Le busco para mantener a mi familia”, dice el hombre mientras contempla al pequeño dormido, en lo brazos de su madre.
Todos tienen vendajes en pies y manos. Es que sufrieron un accidente anterior (atropello). El padre tiene incluso clavos en la muñeca del brazo derecho.
Y volvieron a ser embestidos.
Mientras el martes pasado, caminaban sobre la calle Central, a la altura del bar “La Negra”, en la colonia Albania Alta, el padre observó que hacia ellos avanzaba un hombre con evidente señal de estar drogado.
“Tomó una piedra y venía hacia nosotros. Nos metimos tantito a la carretera para evadirlo. En eso pasó por atrás un taxi tipo Atos, placas BHD-8367. El conductor de unos 46 años.
“Nos golpeó con su espejo retrovisor, a mi hijo y a mí”, dijo el denunciante.
El taxi se fue. La familia siguió avanzando hacia su domicilio. Iban a comer.
De repente, a la altura de la iglesia de Santa Lucía, los alcanzaron varias patrullas de la Policía Municipal. El taxista que los embistió iba con ellos.
Los oficiales rodearon a la familia.”Págale el daño al taxista o te llevamos al bote”, le ordenaron cortando cartucho y en tono prepotente, aseguró el agraviado.
“Pero él me golpeó, no yo, además el espejo no tiene nada, ni un rayón. No manche jefe”, protestó el hombre angustiado.
“Cállate o te entambo”, le dijo un policía y le pegó con la culata del arma larga que portaba.
Al verse obligado por las circunstancias, el pobre hombre pagó lo que le exigían: 300 pesos.
“No comimos, ni cenamos. Nosotros le sobamos su bracito a mi hijo. Nos regalaron el cabestrillo”, dice el hombre a punto del llanto y con rabia contenida.
Dos platos con un poco de comida, a los pies de la esposa, será su sostén para este miércoles. Se lo regalaron los maestros en paro. Y subieron un video con su denuncia.
“No se vale, me friego trabajando todo el día para llevar sustento a mi casa. Y para que un fulano hijo de vecina me lo quite así nomas. Y que pena que los policías se ensañen con uno, como si fuera uno delincuente”.
El niño sigue dormido. No entiende al mundo que parece al revés, peor que al principio: desordenado y vacío.












