La crisis convulsiva y epilepsia le atacaron ayer, en la vía pública. Esta vez no hubo alguien que le prestara ayuda. Fueron paramédicos de Protección Civil que oportunamente llegaron para ayudar al hombre que llegó a Tuxtla en busca de apoyo.
La tempestad había pasado ya y llegó la calma. El hombre sonreía, mientras el comandante de paramédicos, Víctor Liho, le colocaba la mano sobre el hombro, en señal de amistad y comprensión.
Esa mano sobre el hombro parecía insignificante para muchos, pero no para Alexander Estrada Cantú. El hombre, oriundo de Malpaso, se sentía apoyado, comprendido, apreciado.
Es que no tiene familiares ni amigos en la capital chiapaneca, a la cual vino en busca de apoyo.
Alexander sufre de crisis convulsiva y epilepsia controlada. Pero es de escasos recursos y la medicina que debe tomar se le acabó, por lo que vino a Tuxtla, para que alguna dependencia estatal le diera el tratamiento requerido.
Durante su estadía en Tuxtla, el habitante de Mezcalapa buscó trabajo de “lo que sea”. Pero nadie le brindó la oportunidad.
El calor hacía estragos en ya de por sí desmejorada salud. Y de repente Alexander comenzó a convulsionar, mientras caminaba por la 16 Poniente y 1ª Norte, en la colonia Arboledas.
Los peatones lo miraron asustados y se limitaron a llamar al 066.
“Cada vez que siento que me da mi ataque pido ayuda con quien hallo a mi paso, pero esta vez no me dio tiempo y los que me vieron se asustaron”, confesó Alexander una vez que había pasado la crisis convulsiva.
Por fortuna, la ambulancia PCA-02 de Protección Civil Municipal llegó a tiempo, y el hombre recibió atención oportuna y profesional.
Por eso Alexander sonreía, porque la tempestad había pasado y volvió la calma, pero sobre todo por sentir esa mano amiga de Víctor Liho sobre su hombro, porque lo hizo sentir comprendido, querido y apoyado.












