Las piernas parecían de atole y los pies de plomo. La boca seca y el rostro pálido, desencajado. Todos huyeron despavoridos hacia la calle. Habían visto una víbora en el taller. La calma volvió solo cuando vieron al reptil atrapado y llevado al ZooMAT.
Las manos se movían ágiles, al compás de la música ambiental que inundaba cada rincón en el taller de refrigeración y aire acondicionado ubicado en la calle Nayarit, de la colonia Plan de Ayala, al norte poniente de Tuxtla Gutiérrez.
El día apenas comenzaba y había mucho por hacer. De repente se escuchó un grito aterrador. Uno de los técnicos saltó hacia atrás y señalaba hacia un refrigerador, con los ojos desorbitados.
Sus compañeros acudieron a su lado y se percataron que el motivo del grito y susto de su compañero era un víbora grande, como de dos metros de longitud.
El grito se oyó de nuevo, ahora en coro. Y todos despavoridos, como impulsados por un resorte, corrieron a la calle.
Bien hubiera estado de fondo, en esos momentos, la canción que dice: “Huye José, huye José, ven pa acá, cuidado con la culebra que te muerde los pies”.
Alguien llamó al 066 y pidió ayuda. La unidad de ataque rápido PCAR-04 arribó con tres elementos.
Y uno de ellos, con sangre fría, con agilidad felina, tomó con ambas manos al reptil. Una mano asió la cabeza y otra la cola.
Los aun asustados técnicos observaron desde afuera la maniobra y respiraron tranquilos cuando vieron a la víbora atrapada.
Al parecer llegó en busca de agua o bien llevada por alguna corriente pluvial.
El reptil fue entregado al zoológico Miguel Álvarez del Toro.












