El policía se saborea mientras ordena: “me das dos pozoles y cuatro tacos, por favor”. Quien sirve, sonríe. Es un viejo conocido del comensal. Es un compañero policía, es Josué, quien en su día libre atiende su microempresa: borda insignias de la SSyPC. También vende comida a las afueras. Josué vive para servir y proteger.
Su jornada laboral como policía terminó. El radio Matra y el teléfono que atiende en la Central de Comunicaciones, quedaron en manos de su relevo.
Luego de 12 horas de intensa labor monitoreando las patrullas y los servicios que brindan en auxilio a la ciudadanía, y de reportar las incidencias a los altos mandos, Josué se retira.
Tiene 24 horas de “descanso”. “No me gusta ir a casa a estar de ocioso o perder el tiempo. Así que busqué en qué ocuparme”, confiesa durante la entrevista mientras está “franco”.
Sobre la pequeña mesa de plástico, están las compras del día. Para no perder tiempo en cambiarse, con el uniforme puesto fue al mercado cercano.
Con experiencia de seis años, sus manos y sus ojos eligen el mejor tomate, la mejor lechuga, los mejores rábanos. Todo para satisfacer el paladar y nutrir el cuerpo de sus clientes.
Las locatarias del Mercado San Juan o Los Ancianos, donde Josué llega cada tercer día, se sienten seguras cada vez que el policía acude como marchante.
Al igual que Josué, varios policías han salido “francos”. Y tienen hambre. Para no ir a casa, prefieren correr a la “mallita”, el sitio donde Josué llena sus estómagos y sus almas con su camaradería.
“Mis compañeros me propusieron que vendiera comida, porque no había nadie. Les hice caso y me quedé aquí”, dice señalando el lugar ubicado en el callejón que conduce a la Policía Federal, en la parte trasera de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Hay momentos en que las dos mesitas de plástico son insuficientes, y los comensales usan una barra de herrería metálica como mesa. Muchos acuden al llamado irresistible.
“Me di de alta como policía en 1993, pero antes fui militar tres años. Estuve siete años en zonas conflictivas”, dice.
Sus manos hábiles lo mismo saben usar la pistola, que la radio, el teléfono, la estufa y la aguja. Sí, es que también hace bordados desde hace 12 años.
En 2004, comenzó con el diseño de insignias, grados, jerarquías de los policías.
“Al principio, el tejido y bordado eran a mano. A mis compañeros les gustó, salieron trabajos más grandes de 20 pares. Pero solo podía hacer cinco pares al día, porque eran a mano”.
Josué compró su máquina de bordado y ahora diseña banderas, gorras, trabajos de sus compañeros y del público en general.
Josué Flores Cruz es un microempresario, es un policía estatal de la SSyPC, y vive para servir y proteger.












