Julio César Rincón * CP. La banca para el sector agropecuario social chiapaneco y del país en este momento es un absoluto fracaso. No se podrá elevar la productividad ni la producción justamente por falta de créditos, aun y a sabiendas que cada día se está demandando mayor cantidad de alimentos, sobre todo procesados.
Es urgente una reforma general en el país y no una de tipo financiera, laboral o fiscal porque de lo contrario el descontento de campesinos e indígenas con todo y su aparente candidez, saben reclamar y lo hacen muy bien, señala el antropólogo social chiapaneco Moisés Villareal Hurtado.
Para el pueblo, el concepto de seguridad nacional, señala el mazateco, es tener empleo, porque si no hay trabajo de qué o cómo sobrevive el país y las familias.
Por ello en el campo se requiere de recursos financieros para apuntalar a este sector que en el caso de la entidad, uno de cada dos chiapanecos obtienen sus recursos de sobrevivencia (directa o indirectamente) de la producción agropecuaria.
Si bien se ha incrementado el sector de los servicios o terciario en Chiapas, todavía el mayor porcentaje de la población sobrevive de la producción del campo, la cual se revalora con la creciente demanda de alimentos, que en menos de una década se puede disparar alrededor de un 70 por ciento, ante el surgimiento de economías como China e India, principalmente, señala el integrante de la Federación Indígena Ecologista de Chiapas.
Las condiciones actuales de apoyos financieros para el sector agropecuario social es un rotundo fracaso en todo el país, señala Villareal Hurtado.
Se intenta bancarizar todas las operaciones para evitar el lavado de dinero, donde no hay suficientes sucursales bancarias ni una cultura financiera plena en el medio rural.
Las medidas, subraya, apuntan hacia una nueva forma de cacicazgo empresarial electrónico, donde como siempre, el productor saldrá perdiendo.
Con las actuales medidas financieras se está fomentando la corrupción, sobre todo en este frágil y primordial sector para la seguridad nacional como es el campo, considera el antropólogo social.
Si alguien deposita más de 15 mil pesos en efectivo en alguna sucursal bancaria, automáticamente le imponen un gravamen. Eso no es bueno para fomentar el ahorro interno del país.
Ahora -dice- tampoco se puede hacer compras de más de 100 mil pesos en efectivo sin convertirse en sospechoso, mientras los verdaderos delincuentes gozan de cabal impunidad. Aquellos campesinos o indígenas que incurran en esta restricción serán el blanco predilecto de la policía.
Por su parte, Cecilio Marroquín el sociólogo rural y especialistas en agroecología, señala que todas las medidas de supuesto apoyo al sector agropecuario por parte de la Federación, están diseñadas para entrampar a campesinos e indígenas, favoreciendo solamente a las grandes empresas dedicadas a este rubro.
Si bien en este mundo globalizado los negocios están por encima de casi todo, también se pueden atemperar la actual situación para los sectores más desprotegidos como el medio rural, como ocurre en la mayor parte de las naciones del llamado primer mundo, precisa el investigador universitario.
Los dos profesionistas consultados -por separado- señalan que no hay que pasar por alto que en la Frontera Sur hay una permeabilidad tal que si no se toman medidas, para apuntalar el sector rural de forma urgente, pueden resurgir problemas aletargados, porque la gente del campo difícilmente se dejará seguir estafando. Eso sería su propia inmolación.











