"César Trujillo * CP. Un Ángel me dijo que hace 12 anos Ramón era una persona lucida. Cada manana, de lunes a sábado, se levantaba y comenzaba a crear muebles y cuadros en su taller. Era carpintero. Por las tardes, cobijado en las sombras de un almendro, pintaba retratos de si mismo en paisajes esperpénticos, mientras cantaba melodías de Pedro Infante y José Alfredo.
Los colonos le tenían confianza y dejaban a su creatividad cada uno de los pedidos. ""Los domingos era un hombre de misa"". Tenía entonces 26 anos y estaba tratando de empezar una vida nueva.
Anos atrás, Ramón había caído en manos del alcohol. Una congestión alcohólica lo mantuvo internado por dos días, ""luchando contra la muerte"". Cuando fue dado de alta buscó ayuda en un grupo A. A.
Un domingo antes de cumplir un ano sin beber, conoció a una joven que quería ser dibujada. Después del vínculo artista-modelo, iniciaron un romance. A seis meses de noviazgo, se casaron. Dos anos después, Juana exigía ser madre. Intentaron todo pero no conseguían embarazarse. Ramón, sin avisar a nadie, decidió acudir a un médico quien, después de algunos estudios, informó que él era estéril.
Visitó a muchos doctores que corroboraron el problema. Una noche, después de celebrar la fiesta de la Santa Cruz y haber bailado sin descanso, confesó a Juana la verdad. ""De haber sabido que no servías como hombre no me caso contigo. Yo quiero un hijo y lo voy a tener"". Ramón se sintió muy decepcionado y se refugió en su taller. Trabajó dos días sin dormir, ni probar alimento. La comida que dona Lucía, su madre, le llevaba estaba hacinada y fría. Al tercer día salió y regresó a su hogar.
Juana lo ignoraba. La relación se tornaba más ríspida. Los días pasaron y las cosas fueron empeorando, hasta parecer dos extranos en el mismo espacio. Un fin de semana, Ramón debía viajar a Villa las Rosas para entregar unos libreros que le fueron encargados. Alistó todo para su viaje. Avisó a su esposa que se iba por dos días, sin que a ésta le importara. La entrega fue rápida. Ya en Las Rosas, compró unos aretes que un joven vendía en una acera para su esposa y decidió viajar. Llegó a Tuxtla a las dos de la madrugada. Estaba dispuesto a conquistar de nueva cuenta a Juana. Pasó al mercado de las flores por unas rosas y en la plaza del Nino de Atocha contrató al mariachi. Abrió despacio. Los músicos ingresaron y el subió para despertar a Juana.
Dos cuerpos que gemían entrelazados y desnudos lo dejaron boquiabierto. No dijo nada. La pareja al verse expuesta a luz de la lámpara trató de cubrirse. El cunado de Ramón hablaba pero su voz carecía de importancia. ""No es lo que piensas. Est*bamos tomados..."" Ramón bajó sin decir nada. Los dejó solos... Bonita has pedazos tu espejo, para ver si así dejo de sufrir tu altivez... No quiso escuchar. El mariachi se fue apagando ante el paso lúgubre de Ramón quien buscó refugio en su taller, pero esta vez no trabajó. Estuvo encerrado sin dejar entrar a nadie. Dona Lucía tocó todas las mananas, las tardes y las noches, y esperó afuera sin ser atendida.
Al tercer día, dona Lucía pidió ayuda y entre dos vecinos forzaron la chapa. Ramón yacía entrusado sentado en una esquina. Tenía la mirada perdida y una marca inextinguible de agua en el rostro. El olor era espantoso. Se había orinado y defecado encima. Ninguno, excepto su madre, se acercó a él. Lo abrazó y lo cubrió con una tela. ""?Todo va a estar bien! ?Todo va estar bien!"". Entre su hermana y su madre lo asearon. Lo cambiaron de ropa, pero no de actitud. Ya no era el mismo, se había extraviado.
Un mes después, Margarita, su hermana, le reclamó que su mujer le hubiera quitado a su marido. ""Tu Juana engatusó a mi esposo y se lo llevó. Me lo robó y ahora me quedé sola con dos hijos. Maldita la hora..."" La mirada de Ramón se tornó más triste. ""Lo siento."" No dijo más. Esas fueron las únicas palabras que dijo hace ya doce anos. Dejó de hablar, de escuchar, de vivir. Se transformó en silencio. No se entera del mundo. Hace ano y medio que murió su madre pero él no estuvo ahí.
Ángel, su sobrino, se encarga de banarlo, darle alimento y cambiarle de ropa, ""aunque el siempre se mantenga desnudo"". Tiene la barba y el cabello largo. No habla con nadie y sólo lo acompana una Biblia.
El Ángel narrador lloró cuando acabó la historia. ""Algún día va a hablar. No pierdo la esperanza. Por eso no quiero morirme antes, para escuchar cómo sonaba su voz cuando cantaba en el almendro...""
"











