Arranca estrategia integral en La Encrucijada

Se coordinan acciones con distintos niveles de gobierno. Cortesía
Se coordinan acciones con distintos niveles de gobierno. Cortesía

Instituciones ambientales, académicas y comunidades de la costa de Chiapas impulsan un modelo de restauración de manglares que combina conocimiento científico y saberes tradicionales para enfrentar el deterioro de más de 32 mil hectáreas en la Reserva de la Biosfera La Encrucijada.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), en coordinación con la Unesco, puso en marcha una iniciativa integral para restaurar los manglares en la Reserva de la Biosfera La Encrucijada, uno de los humedales más importantes del Pacífico mexicano.

El arranque formal se dio con el curso especializado “Una visión integral de una estrategia de restauración de manglares”, que se desarrolla del 20 al 25 de abril en la Escuela de Sistemas Alimentarios de la Universidad Autónoma de Chiapas.

Profesionalización

Durante 30 horas, estudiantes y docentes reciben formación técnica con un enfoque interdisciplinario que busca profesionalizar los procesos de restauración.

La Encrucijada alberga más de 32 mil hectáreas de manglar, pero enfrenta presiones crecientes: expansión de la palma africana, infraestructura mal planificada, azolvamiento de cuerpos de agua y bloqueos en las bocabarras.

Estas afectaciones han fragmentado el ecosistema y alterado los flujos naturales del agua, debilitando su capacidad de recuperación.

A través del proyecto MangRes, impulsado por el programa “Hombre y la Biosfera” de la Unesco, se promueve la restauración bajo el enfoque de soluciones basadas en la naturaleza.

La iniciativa no solo contempla acciones ambientales, sino también el fortalecimiento de capacidades en las comunidades.

Otras localidades

En Chiapas, este modelo ya se ha puesto en práctica en localidades como Ranchería Topón y el ejido Buenavista, en el municipio de Pijijiapan, donde pobladores participan activamente en la recuperación del manglar.

Uno de los ejes clave del proyecto es la colaboración entre instituciones académicas y el conocimiento local.

Participan centros como el Cinvestav y la ENES-UNAM, que aportan respaldo científico, mientras que pescadores y habitantes comparten prácticas tradicionales transmitidas por generaciones.

Paralelamente, se coordinan acciones con distintos niveles de gobierno, entre ellas la eliminación de palma africana en zonas núcleo y la recuperación de servicios ambientales esenciales, como la regulación hídrica y la protección costera.