Cada 1 de noviembre, fecha en la que tradicionalmente se celebra el Día de Todos Santos o de “las almas inocentes” en México, miles de niños y niñas salen a las calles después de las 18:00 horas para pedir dulces, ayote o calabacita -como se le conoce en Tuxtla Gutiérrez- en los diferentes hogares, y en consecuencia se genera convivencia familiar entre todas las personas que se reúnen, sin embargo, para este 2020 dichas celebraciones darán un giro radical por las restricciones que existen para evitar aglomeraciones por la pandemia del Covid-19.
José Luis Castro Aguilar, cronista oficial en la capital de Chiapas, dijo que en los archivos históricos no existe evidencia alguna que muestre que este tipo de eventos se cancelaran o se redujeran de forma tan significativa y alertó que eso pasará el próximo domingo, ante el temor que existe sobre un posible contagio en estas actividades.
El cambio más significativo que advierte es que las familias no se reunirán con normalidad para velar a los seres queridos que se adelantaron en el camino; estas fechas, además, servían como el pretexto perfecto para una reunión entre amigos y conocidos.
Ahora la “¡calabacita tía!”, una práctica que consiste en compartir las frutas, dulces, tamales o las ofrendas que estaban en los altares de los fieles difuntos, sufrirá un cambio del que no se tiene registro en Tuxtla Gutiérrez.
No descarta que algunas personas (imprudentes) salgan a las calles con el uso del cubrebocas, aunque lo mejor será resguardarse, pues las mismas autoridades federales han advertido de un repunte de casos en varios estados del país.
“Creo que nada más se va a circunscribir a la casa; los familiares que llegaban a ver a mamá, papá, que llegaban a saludar a abuelita, abuelito, no creo que se vaya a dar esto”, complementó el también escritor.
El cronista de la ciudad comentó que la población tampoco se puede arriesgar para asistir a los panteones, debido a que podrían convertirse en espacios de alto riesgo para la transmisión del virus. La pandemia, dijo, ha cambiando la forma de ofrendar a los seres que han fallecido.
Castro Aguilar explicó que ningún evento histórico (ni siquiera después de desastres naturales) ha provocado que los niños se queden en casa cada 1 de noviembre. Cuando se presentaron otras epidemias, como la del dengue o chikungunya, explicó, sólo se redujo el número de infantes que pidieron la “¡calabacita tía!”.
El llamado que hizo a los padres de familia, es que refuercen al interior las tradiciones y el significado histórico que tiene el hacer las ofrendas en los altares de los muertos y que se puede compartir con los infantes.
Sobre los altares virtuales, el cronista refirió que es válido -por el tema de la pandemia- hacer estas actividades, en este rubro lo más importante es que se respeten los elementos que componen un altar de muertos y que no se agreguen objetos que corresponden a otras culturas.
Finalmente, dijo, dentro del seno familiar será importante que se refuercen las tradiciones locales que corresponden al 1 y 2 de noviembre, tomando en cuenta que la pandemia impactó a todos los sectores.












