CEM pide centrar la mirada en la educación del país

CEM pide centrar la mirada en la educación del país

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) emitió un mensaje vinculado al inicio del ciclo escolar 2022-2023.

El texto está firmado por el presidente de la CEM y arzobispo de Monterrey, monseñor Rogelio Cabrera López; por el vicepresidente de la CEM y arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez; y el secretario general de la CEM y obispo de Cuernavaca, Ramón Castro.

En él se dirigen a las comunidades educativas del país e invitan a los directivos, maestros, padres de familia, estudiantes y sociedad en general, a centrar su mirada en la tarea esencial de educar a los niños y jóvenes del país, pues ellos son el centro y el fin de la acción educativa.

Mensaje

Del mismo modo, señalan que “la educación es la actividad más humana, en la que guiamos y acompañamos a cada persona, en el desarrollo de sus facultades físicas y espirituales (inteligencia, voluntad, afectos, memoria, imaginación, capacidad de síntesis), en sus distintas dimensiones individuales, ambientales y sociales, en favor de una civilización más fraterna, solidaria y responsable”.

En este mismo sentido, hacen un llamado a responder los desafíos más inmediatos de las instituciones educativas, pero también a encontrar caminos nuevos de relación, de cara a la crisis generalizada que vivimos.

De la misma manera, califican a los maestros como los principales agentes de la educación formal, por lo que tienen su reconocimiento y gratitud, llamándoles a coadyuvar con paciencia, generosidad y talento.

A los padres de familia, los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos, les llaman a involucrarse en las escuelas, con orden, conciencia solidaria y, sobre todo, capacidad de escucha.

Piden a nuestras autoridades civiles, empresarios, líderes sociales y políticos hacer resurgir en cada espacio educativo los caminos de diálogo, de construcción de paz y de desarrollo humano, integral, solidario y sustentable.

Por igual, manifiestan a las comunidades religiosas y a las obras diocesanas dedicadas a la educación, a lo largo y ancho del país, su aliento, solidaridad y afecto. A los niños y jóvenes, su aprecio, ánimo y cercanía.