"El crecimiento urbano desordenado está generando en el país ""cuellos de botella"" en infraestructura, que nos va a costar mucho superar. Es el caso de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), a la que, a decir de su director, Jorge Gutiérrez Vera, ya se le acabó la capacidad para atender la descontrolada expansión de la mancha urbana que conforman el DF y los estados de México e Hidalgo. El apagón está cerca, y sólo podrá evitarse si nos sentamos seriamente a repensar nuestro futuro energético.
La demanda crece a un ritmo de 4.4% anual en la zona de influencia de LyFC, muy por arriba de la energía que vende, y lo demás lo compra a la Companía Federal de Electricidad (CFE), lo que quizá funcionó para otros tiempos, pero ahora se antoja altamente ineficaz.
Y mientras el sistema energético nacional está estancado en tales anacronismos, sin reforma de fondo, incapaz de generar recursos para siquiera pagar su propio mantenimiento, ya no digamos para generar utilidades, las desarrolladoras de vivienda se multiplican, y los planes de crecimiento en ámbitos como el aeroportuario siguen adelante. zY cómo se van a electrificar?
No se pueden autorizar más unidades habitacionales ni parques industriales, ni mucho menos aeropuertos -vendidos a la sociedad como hechos consumados- cuando no existen planes integrales de crecimiento urbano que contemplen cada uno de los requerimientos de las nuevas instalaciones: agua, luz, drenaje y vialidades.
El crecimiento de la demanda justifica los nuevos espacios inmobiliarios, pero éstos no pueden crearse si no se han resuelto problemas de fondo para su dotación de servicios.
Desde las unidades multifamiliares en Tecámac hasta ciudad Santa Fe tienen que pensarse integralmente. De otra manera estaremos abonando a un caos urbano sin salidas aparentes. Los tres gobiernos estatales involucrados más el gobierno federal tienen que ser responsables del crecimiento sustentable.
Hay que revisar también el estatus jurídico, financiero y laboral de LyFC, porque reventar a la empresa y provocar el gran apagón de la misma no le conviene a nadie. Sin embargo, hay que considerar que tal repaso administrativo no puede estar desligado de la problemática energética nacional en su conjunto, es decir, el estado de Pemex como empresa y el de la CFE, porque el reto es la viabilidad de la nación en esa materia.
Hay que definir el futuro energético de México: lo renovable de sus fuentes y la posibilidad de explorar las alternativas, el origen de su financiamiento, su régimen jurídico, sus compromisos laborales; son, entre otros, temas a los que hay que entrarle con sentido de urgencia, pragmatismo y sin dogmas, porque lo que está de por medio es la calidad de vida de millones de mexicanos.
Además, ya no podemos sólo apostarle a las tradicionales fuentes de energía, distribuida con modelos del siglo pasado. Hay que pensar en las formas alternas de generación, sumadas a las otras para surtir la demanda del siglo XXI. O le damos una salida creativa al problema en general o literalmente se nos va la luz. (El Universal).
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