Derrame: Culpa de todos

"México no ha logrado conciliar su desarrollo tecnológico y energético con el cuidado del ambiente. Hace unos meses, varios ductos de Pemex fueron volados por insensatas bombas guerrilleras; en altamar, la naturaleza y quizá la imprevisión se unieron hace un par de semanas para provocar un fuerte derrame de hidrocarburos en las costas de Campeche; mientras que, en el sur de Veracruz, este fin de semana un oleoducto se quebró por causas que habrá que precisar, pero que ha danado seriamente el ecosistema local. Algo estamos haciendo mal y no le hemos puesto remedio.

Desde el 23 de octubre pasado el equivalente a 10 mil barriles de petróleo se salieron de control, afectando los ríos Jaltepec, Chiquito y Coatzacoalcos, con su ""marea negra"" de petróleo, que ya llegó al Golfo de México y que pone en riesgo la actividad económica de 3 mil pescadores, ubicados en 14 municipios veracruzanos.

Por nefastas experiencias anteriores, la recuperación ambiental de contingencias similares puede tardar hasta tres anos. Todavía no hay informes de que los trabajos de contención y rescate hubieran tenido éxito.

zQué no se está haciendo? Se entiende que los accidentes son consustanciales a la industria petrolera, pero la recurrencia de este tipo de eventos es contumaz en el país. Ano con ano se sabe de alguna nueva catástrofe ecológica, sin que haya soluciones de fondo.

Acaso una de las causas que Petróleos Mexicanos puede aducir es su insuficiencia de recursos para dar mantenimiento y vigilancia a las instalaciones. La recién aprobada reforma fiscal por el Congreso liberó magros recursos para hacer frente a todos los gastos de la empresa.

Autoridades de todos los niveles y legisladores deben atender ese asunto, porque es inadmisible que continúe la ordena indiscriminada de recursos que se van al gasto corriente de la administración federal, mientras que quien produce el petróleo no previene accidentes.

En materia ambiental, Pemex no es la única entidad responsable. La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como los gobiernos estatales donde existen instalaciones petroleras no son sólo víctimas de los derrames, sino que deben ser parte activa en la prevención de los mismos. Es costumbre escuchar sus voces indignadas después de tales acontecimientos, pero no se sabe, bien a bien, qué hicieron en su momento para advertir sobre los riesgos y colaborar en su anticipación.

Los llamados atlas de riesgo que, supuestamente deben elaborar las oficinas de protección civil de los tres niveles de gobierno son libros que nadie conoce y que seguramente, en muchos casos, ni siquiera existen.

Pemex debe responder, pero también el resto de la administración pública federal y local para consolidar una cultura de la protección y la seguridad que evite que los problemas derivados del manejo de hidrocarburos terminen siempre en tragedias ambientales, económicas y de salud.

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