El tabaco se hace humo

A tono con la tendencia mundial contra la mortal adicción de fumar, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó, enhorabuena, una ley que limita o incluso prohíbe fumar en los espacios cerrados. Caminamos así hacia una mayor conciencia respecto de asuntos de salud pública.

La medida, que obliga a un equilibrio razonado ante hábitos entre los adultos, hace bien sin embargo, en anteponer la salud pública al derecho individual en espacios colectivos.

Esta medida no puede sino ser bienvenida en una ciudad como la capital, donde simplemente vivir representa resentir en el aparato respiratorio danos equiparables a fumarse varios cigarrillos al día por el alto grado de contaminación atmosférica.

Por supuesto, los fumadores podrán hacerlo al aire libre, en sus casas o espacios privados, y sólo resta que en el reglamento de la ley se dilucide cómo serán clasificados los espacios semicerrados, como estadios deportivos y de espectáculos musicales.

Es una senal alentadora que los asambleístas no hayan sido persuadidos por gestores al servicio de grandes empresas tabacaleras para ajustar la legislación a las conveniencias del mercado.

En esas empresas las ganancias a nivel nacional son estimadas en más de 200 mil millones de pesos al ano, en tanto que no hay presupuesto del sector salud que alcance para la atención de las enfermedades producidas por el consumo del tabaco.

En México hay 16 millones de fumadores, de los cuales 53 mil mueren anualmente por enfermedades vinculadas a su adicción, pero son reemplazados rápidamente por 90 mil nuevos fumadores, que en promedio se inician a los 13 anos de edad.

Las restricciones para exhalar humo en las naciones más desarrolladas hicieron que las grandes tabacaleras promovieran el consumo en los países en desarrollo, entre las mujeres y los jóvenes, con atractivas campanas de exaltación del consumo como símbolo de liberación femenina, de estatus económico o de ser maduro.

Según la Dirección de Servicios Médicos de la UNAM, el fumador pasivo y el activo corren el mismo riesgo para su salud, y con frecuencia las personas que no fuman, pero conviven con adictos al tabaco, tienden a contraer más enfermedades respiratorias o cancerígenas graves que quienes inhalan el humo por su propio placer. La ley prohíbe también la promoción del tabaco en actos deportivos, sociales y culturales, de la que generalmente se encargaban sonrientes jovencitas ofreciendo, cual Eva, el fruto prohibido a quien se deje tentar. Hace tres anos, el Gobierno Federal salvó a las tres principales empresas tabacaleras de un aumento de 130 por ciento en sus impuestos a cambio de que cada una donara un peso por cajetilla vendida al Fondo de Protección Para Gastos Catastróficos, que apoya a ninos con cáncer y a mujeres con cáncer de matriz. Sería no sólo útil sino necesario para la rendición de cuentas conocer la evaluación que de ese programa, ya concluido, puedan hacer los expertos, porque la Organización Mundial de la Salud prohíbe ahora a las tabacaleras participar en programas para combatir enfermedades derivadas del tabaquismo. Por algo será. (El Universal)