"Ocho de cada diez mexicanos considera que el sistema judicial es corrupto, de acuerdo con el informe de 2007 de Transparencia Internacional. Mezclada con impunidad, la corrupción en ese y en prácticamente todos los ámbitos políticos y económicos tiene postrado al país en la falta de competitividad, la inequidad y la frustración, una realidad que no debemos aceptar como normal.
La corrupción no es un enemigo abstracto del país y sus ciudadanos; es un fenómeno concreto que carcome sectores enteros y golpea a la población. Un día cualquiera es nota ubicua de periódicos o noticiarios.
Hoy, por ejemplo, El Universal consigna que el procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, reconoce que nuestros cuerpos policiales han sido corrompidos por el narcotráfico, que le ha quitado al Estado mexicano potestades otrora exclusivas de él, como el uso de la fuerza o el cobro de impuestos.
En el plano político, los partidos de la Revolución Democrática y Revolucionario Institucional pidieron a la autoridad electoral no dar carpetazo a una investigación de ""dinero sucio"" en campanas políticas.
Pemex es otro ejemplo en la bonetería de la corrupción; hay tantas historias ahí que la de hoy parece menor, pero no lo es: la paraestatal se niega a dar planos de sus ductos para crear el mapa de riesgo de la ciudad capital. Es un escándalo que no se anteponga la seguridad ciudadana a cualquier otra consideración.
Para donde se voltee hay certezas, indicios o sospechas de malos manejos. ?Vamos! Hasta en el futbol fuimos testigos de la suspensión de por vida de Salvador Carmona, volante del Cruz Azul, por reincidir en el consumo de sustancias prohibidas, una debilidad humana, potenciada por la corrupción de un club que intentó ocultar su adicción en defensa de intereses económicos.
Transparencia Internacional consigna en el Informe global de corrupción 2007 que el fenómeno es más o menos generalizado en el mundo. Cierto, ahí está el ""halcón caído"", Paul Wolfowitz, quien tuvo que renunciar a su cargo de presidente del Banco Mundial por prácticas de favoritismo a su pareja, y el mea culpa en nuestras páginas de hoy de la vicepresidenta de la institución, Pamela Cox, reconoce que las prácticas anticorrupción deben reforzarse en el banco. Que así sea.
Pero a pesar de que suceda hasta en las mejores familias, en México no podemos acostumbrarnos a la corrupción, ni asumirnos como intrínsecamente tramposos.
Transparencia Internacional echa mano del factor competitividad internacional como uno de los ejes más objetivos de su argumentación en contra de las prácticas ilícitas. Nos rezagamos como país cada vez que nos saltamos las reglas para hacer negocios o para administrar la justicia; desconfiamos de nuestros propios procesos económicos y financieros.
En la corrupción ganan unos cuantos, pero pierde México. Más todavía, la desconfianza, convertida en humor nacional, sólo prohíja cinismo, recelos y divisiones, que en política nos han costado el atraso de nuestra agenda modernizadora.
La corrupción no somos todos. Esa es una de las grandes mentiras que hay que enterrar ya. (El Universal)
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