Estabilidad y gobernabilidad

Dicen el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, y el de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, que las elecciones federales del próximo domingo se darán en condiciones de solidez de la economía y con el gobierno dispuesto a respetar el resultado de la votación y cuidar el proceso sucesorio del mando, quien sea que gane la elección

Ambos funcionarios, encargados respectivamente de las finanzas públicas y de la política interior, se comprometieron a ello en sus declaraciones, en una conferencia de prensa el primero, y durante una entrevista con EL UNIVERSAL, el segundo.

Nada hay que pueda inquietar a los mercados, en efecto, cuando la economía ha sido revitalizada por el aumento en el precio del petróleo, que está al doble de lo presumido, por las remesas de los trabajadores migratorios, las inversiones extranjeras y el turismo.

El gobierno pudo, incluso, hacer un abono extraordinario a la deuda externa de 7,000 millones de dólares, la semana pasada, tomados de la reserva monetaria que se ha mantenido extraordinariamente alta a pesar de que la flotante paridad del peso es fijada por el mercado y no se necesita como garantía.

Como contraparte, sin embargo, no hemos crecido, y las buenas grandes cuentas no influyen en la reducción de la pobreza ni en la suficiente creación de fuentes de trabajo.

De algún modo, la carga de la bonanza macroeconómica sigue sobre los hombros de la mayoría indigente.

Eso es una preocupación tenaz. Es bueno que la fortaleza de la economía enmarque el proceso electoral, sobre todo si el gobierno se ha comprometido a no intervenir en los mercados para alterar o sesgar variable alguna. Pero en tanto las condiciones económicas de la mayoría de la población no alcancen los niveles de dignidad exigibles en una sociedad en verdad democrática, no podemos darnos por satisfechos.

Éste sería un logro más plausible para cualquier régimen, porque se vincula directamente con el bienestar de las personas y su posibilidad de ascender en la escala social por la vía de la educación y del trabajo honesto y productivo.

Tenemos estabilidad, y es bueno porque es el piso firme que se necesita para crecer, que es a lo que aspiramos. Todavía no lo logramos, y mucha de la solidez económica es fruto del trabajo que millones de mexicanos realizan en Estados Unidos, lejos de sus familias, a veces en condiciones muy adversas, y que puntualmente depositan pequenas pero numerosas cantidades de dinero que fluyen incesantemente a cientos de comunidades nacionales.

La ganancia del petróleo es volátil, la inversión extranjera tiene muchos demandantes en todo el mundo y el flujo turístico tiene rápidas variaciones. La fuente de nuestra economía necesita amarres más firmes.

Abascal, con todo, es congruente con su responsabilidad. Debe cuidar la tranquilidad de la vida política y garantizar que las leyes y las instituciones sean respetadas y respetables. No hay que olvidar que esa es otra responsabilidad del actual gobierno, que concluye el 30 de noviembre próximo. (El Universal)