Al participar en el debate del 66 periodo de sesiones de la Organización de las Naciones Unidas, el presidente de México, Felipe Calderón, dijo que la industria armamentista, afanada por un lucro irrefrenable, ve en cada guerra, sea civil en un país lejano o en una batalla entre criminales, la oportunidad de vender y vender más armas que alimentan los arsenales de la delincuencia. Tras pedir mayores controles en países productores y vendedores, llamó al organismo internacional a continuar impulsando el Tratado Internacional sobre Comercio de Armas y evitar su desvío hacia actividades prohibidas por el derecho internacional.
Sin duda tiene doble impacto que el presidente haya hecho este planteamiento ante un organismo competente, y en el país sede que organizó un plan gubernamental para meter subrepticiamente armas a México, incluso con el aparente conocimiento de autoridades del Gobierno de Estados Unidos, hecho que ya comienza a ser denominado traición por parte de funcionarios mexicanos.
El presidente se refirió también a la necesidad de reducir la demanda de estupefacientes o, en su caso, cortar la fuente de financiamiento ilimitado a las organizaciones criminales. De acuerdo con su planteamiento, México hace su parte al combatir el crimen en todas sus manifestaciones, pero es necesario ahora que países consumidores realicen acciones efectivas para disminuir radicalmente su demanda.
No obstante, el consumo de drogas sigue en crecimiento, como efectivamente se observa en Estados Unidos, donde casi 30 por ciento de los jóvenes consumen estupefacientes, o en otras partes del mundo. Por ello sostuvo que si esos países no pueden reducir su demanda de droga entonces están obligados a bajar las enormes ganancias económicas que obtienen los criminales en el mercado negro.
Se debe evitar que el narcotráfico siga siendo el origen de la violencia y la muerte en Latinoamérica y el Caribe, esto en un momento en que el mundo enfrenta el reto de criminales sin escrúpulos que no respetan fronteras, y que lastiman con severidad a ciudadanos de muchas naciones.
Y es que hoy se ve que el poder de la delincuencia es más fuerte que muchos gobiernos, lo que deriva de dos factores fundamentales: las rentas exorbitantes provenientes del tráfico de drogas, por una parte, y el acceso ilimitado a la compra de armas de alto poder, ambos verdaderos retos para las naciones.











