Florencia desafía la costumbre

"Rolando Domínguez * CP. Unas manos femeninas se han acostumbrado a un trabajo que ha sido etiquetado exclusivamente para varones. Parece un trabajo sencillo, pero con la historia de Florencia Pérez González, el arte de arreglar calzado se convierte en una profesión de vida.



Historia

Al menos 44 de los 62 años que tiene los ha dedicado a la reparación de calzado, iniciando en Veracruz cuando intentó capacitarse para la fabricación de zapatos, pero por falta de dinero no pudo terminar; actualmente se encuentra establecida en Tuxtla Gutiérrez, en su pequeño y sencillo centro de trabajo donde casi toda la semana aguarda paciente a que las personas requieran sus servicios.

A los 56 años de edad, Pérez González concluyó sus estudios de primaria porque representaba un objetivo central en su proyecto de vida, dijo al tiempo de recordar que tuvo que claudicar en su intento por convertirse en una doctora o maestra, meta que no logró porque recuerda que su progenitor la reprimió al decirle que la escuela no era para mujeres. Su lugar era en la casa y en la cocina, al cuidado de sus hijos.

A pesar de lo anterior, la oriunda de Veracruz rechazó las palabras de su padre: Al paso del tiempo se casó y su esposo le enseñó más sobre la reparación de calzado. Pero tras la muerte del padre de sus hijos se convirtió en cabeza de familia y la única responsable de la manutención de cinco hijos, a los que ha podido apoyar con este oficio a pesar de ser objeto de críticas infundadas.

""Para mí esto no es malo, porque mis padres no me dieron estudio y yo decía que por los menos un arte que aprendiera, mis hijos no están de acuerdo porque dicen que es un trabajo de hombre, pero eso es lo que yo sé hacer"".

Es persistente. No se rinde. Cuando llegan días en que sólo llega a percibir 50 pesos por reparar calzado busca hacer aseo en casas particulares, además de lavado y planchado de ropa. Ha intentado incursionar en otro negocio ""pero no me resulta"".

Aunque tampoco se quiere desprender de lo que le gusta hacer.

Sostiene que sus clientes se sorprenden al verla reparar calzado porque la costumbre dicta que en este oficio sólo tienen cabida los hombres, sin embargo ello no le ha impedido ganarse la confianza y el reconocimiento porque desempeña un trabajo limpio y responsable.

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