"A dos semanas de las elecciones del 2 de julio, voces autorizadas reconocen que el Instituto Federal Electoral cuenta con la confianza en su capacidad operativa, técnica y de infraestructura para actuar, como es su deber, con legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.
Con un registro de electores que incluye listas y credenciales con fotografías, vasta participación ciudadana en la operación, representación y supervisión de todos los partidos, así como la vigilancia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, es inviable la posibilidad de un fraude como los conocimos.
Los riesgos de que la elección resulte inequitativa están sobre todo en las indebidas presiones de los gobiernos para favorecer a sus candidatos y en el uso de recursos económicos al margen de los permitidos legalmente. En eso el IFE ha tenido el cuidado de establecer medidas de fiscalización, aunque aún prevalecen vicios atribuibles a los partidos y a sus candidatos.
De todos modos, lo esencial es que el país dispone de un sistema de elecciones que opera con mejores niveles de confianza. Ya veremos, después del domingo 2 de julio, qué tan mejorable es nuestro aparato electoral.
Por lo pronto, ciertos especialistas y observadores de la materia expresan su confianza y esperan que el IFE actúe oportuna y eficientemente. Hay que advertir al instituto que todavía debe mantenerse alerta para impedir expresiones de ""guerra sucia"" y sancionar a los partidos y candidatos que persistan en esas estrategias, amén de reforzar la vigilancia sobre la equidad en la contienda.
El clima electoral ha sido lastimosamente viciado por los disturbios en San Salvador Atenco, por las pendencias entre los mineros en Michoacán y Coahuila, y por los choques entre policías y maestros en Oaxaca. Inútil es pretender que nada de eso tiene motivaciones políticas.
Pero más allá de esos sucesos agravados por la ausencia de destreza para resolverlos, de los discursos oficiales con fines electorales y de los programas de asistencia sociales orientados a la atracción de votantes, el sistema electoral mexicano tiene reconocimientos internacionales, inclusive de la propia ONU.
Y es que, como piezas integrantes del aparato electoral, casi un millón de ciudadanos colaboran entusiastamente, ansiosos de contribuir al logro de una elección limpia.
Todos en México esperamos una elección impecable, con resultados prontamente conocidos y universalmente aceptados. Para las impugnaciones, si las hubiese, están las vías legales de desahogo pacífico.
Si la voluntad se expresa libremente, debe ser acatada sin aspavientos ni reclamaciones fuera de orden. Por supuesto que no todo es solvencia técnica e infraestructura para el proceso electoral. En el fondo debe reposar la convicción de que en cada elección hay solamente un ganador, y que en esa perspectiva debe iniciar y terminar la contienda.
Nuestros procesos electorales son muy costosos para darnos el lujo de malgastarlos. Este último trecho de la campana electoral debe centrarse en la convocatoria al voto y en darnos plena certidumbre sobre el proceso. (El Universal)
"











