Impuesto a los depósitos

"Los impuestos son, por su propia naturaleza, impopulares. Nadie les da la bienvenida, sobre todo cuando duda de su justificación y no está seguro de la honestidad y eficiencia de muchos de quienes tienen la amable tarea de gastarlos.

Hoy, en vísperas de segundo aniversario de las elecciones presidenciales, entra en vigor el nuevo Impuesto a Depósitos en Efectivo (IDE), conformado por 2% sobre el excedente de 25 mil pesos depositados en los bancos en efectivo cada mes.

El objetivo es gravar de alguna manera a la economía informal. Es decir, que para pescar algo de quienes no pagan impuestos regulares, nos obligan a todos a pagar por un nuevo concepto. Claro, el impuesto podrá acreditarse contra el pago del impuesto sobre la renta, lo que significa una complicación administrativa que sólo una parte de los causantes está en condiciones de aprovechar.

Este gravamen se suma a las nuevas cargas tributarias de tasa única (IETU) para las empresas y sobre nóminas. La miscelánea fiscal se complica y enriquece en lugar de que nos enfoquemos a una verdadera reforma fiscal a fondo, moderna, equitativa, que permita que todos contribuyamos al tesoro público proporcionalmente a nuestros ingresos, se reduzcan las evasiones, se redistribuya la riqueza nacional y se aliente el desarrollo.

Todavía esperamos que se cumpla la promesa de eliminar el anticonstitucional impuesto sobre tenencia y uso del automóvil, decretado provisionalmente hace 40 anos para financiar los Juegos Olímpicos, y cargamos aún con el impuesto para la educación aplicado en el precio de la gasolina.

La versión de que el nuevo impuesto está destinado también a afectar el dinero sucio del hampa está por verse. El crimen organizado tiene numerosas redes para legitimar sus botines por medio de negocios lícitos en apariencia. Es de suponer que estará dispuesto a sacrificar 2% de ingresos para ver ""blanqueados"" sus billetes.

Necesitamos un proyecto hacendario comprensivo y viable, que nuestros financieros pueden elaborar, pero también un equipo competente para negociarlo políticamente y conseguir su aprobación en el Congreso, lo que está un poco más peliagudo, como vemos con la reforma petrolera.



Cambio de actitud en Estados Unidos

La nueva redacción de la Iniciativa Mérida, aprobada ya por el Congreso y el presidente de Estados Unidos, es una muestra sin precedentes de sensibilidad del país vecino sobre la importancia de las acciones mexicanas en contra de las amenazas mutuas.

Sería impensable lo anterior sin el mérito propio de haber implantado por la vía diplomática el mensaje de la responsabilidad compartida en materia de seguridad regional en el seno de la discusión política estadounidense.

Pese a lo limitado que pudiera parecer un paquete de 400 millones de dólares, la ayuda es más importante por el cambio de actitud entre los políticos de Estados Unidos que por el monto en sí. El mismo embajador Antonio Garza dijo: ""Sabemos que reduciendo el consumo en Estados Unidos se reducirá naturalmente el flujo de armas y dinero a los criminales que se benefician de este comercio"".

La guerra contra el narcotráfico ha servido para algo más que cosechar elogios. Ha orillado a Estados Unidos a admitir que México no necesita condicionamientos para demostrar su compromiso contra el crimen transnacional. La próxima administración de ese país deberá reafirmar esa convicción. (El Universal)

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