La interpretación de canciones del género ranchero mexicano en las cafeterías y restaurantes de esta ciudad le permiten a Mónica Arisbeth Ruiz Gómez, sostener sus estudios de Comunicación, en su meta de obtener un título universitario y ejercer una profesión ligada al beneficio social y comunitario.
La estudiante de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), mantiene desde hace tres años una complicidad musical con su audiencia, que a cambio de oír su repertorio de canciones “campiranas y bravías”, le proporciona algunas monedas que le han ayudado a que en diciembre próximo concluya su licenciatura en Comunicación.
Los comensales y bebedores de café en los restaurantes establecidos detrás de la Catedral de San Marcos identifican la potente voz de la joven de 22 años, hija de campesinos, originaria de la colonia Jericó, en el municipio El Parral, que cada mediodía ofrece a capela y en solitario, los temas musicales que desde su niñez escuchaba de sus padres y tíos cuando labraban la tierra, y en la radio.
Mónica Arisbeth canta desde que asistía al kinder, donde interpretó su primera canción Cielito Lindo. Jugaba y se proyectaba con sus primos como cantante. Lo hacía sobre una tabla colocada sobre dos tambos, en el corredor de la vivienda rural de la familia.
“Me gusta cantar desde preescolar. En primaria interpretaba las composiciones de Joan Sebastian, pero ya en la preparatoria salí a cantar en ferias y palenques de gallos de municipios vecinos de mi pueblo natal, donde complacía al público con los éxitos musicales de Lola Beltrán, Lucha Villa y Jenni Rivera, entre otras”, recuerda.
La joven universitaria ha dividido su vocación inicial por el canto con su interés actual por la carrera de Comunicación, para cuya conclusión prepara ya su tesis profesional que enfoca a una campaña de difusión para el fomento turístico y cultural de su municipio de origen.
“En materia de comunicación pretendo difundir la riqueza turística y cultural de mi zona, en la Región Frailesca de Chiapas, tal como ahora propago las canciones que aún se cantan en los pueblos, las cuales nos arraigan y fortalecen en nuestras raíces y formas pacíficas y productivas de convivencia diaria”, afirma.
La comunicación será la profesión a la que se dedicará una vez que finalice sus estudios, aunque durante estos meses seguirá acudiendo a las cafeterías y restaurantes para ganarse la vida con la voz y las canciones campiranas, afirma Mónica Arisbeht, quien se identifica con la fortaleza y entereza que transmite la canción La Cigarra.
En su diario itinerario como cantante ambulante en la ciudad capital de Chiapas, la comunicadora en ciernes comenta que ha enfrentado adversidades, incomprensiones y discriminación por realizar su trabajo de calle, todo lo cual ha sabido enfrentar y resolver sin frustrarse.
“He sorteado dificultades en algunos restaurantes, donde ciertas personas me han pedido que deje de cantar, que guarde silencio, porque según, no los dejo escuchar cuando conversan o hablan por celular, así como también algunos amigos que dejaron de hablarme cuando vieron que me gano la vida como cantante ambulante”, relata.
La joven divide su tiempo entre su trabajo de intérprete y las clases en turnos mixtos de la Universidad.
Mónica Arisbeth se coloca la mochila al hombro, bebe agua de limón con semillas de chía de la botella que lleva siempre, pide permiso a la concurrencia y se dispone a cantar una vez más su tema predilecto La Cigarra, en cuyo vuelo presuroso imagina sus próximas rutas profesionales.












