La danza de las ‘Albatros’ trata historias poderosas, fuertes, dolorosas, pero que regeneran y el dolor se transforma en un proceso de resiliencia”, dice Hilda Zaira Lobato Luna sobre su proyecto que integra a mujeres de la tercera edad y que surgió a partir del acompañamiento en la “danza terapia”.
La descripción poética de Máximo Gorki sobre los albatros, aves que tienen la fuerza y el poder de volar contra la tormenta, llevó a la artista independiente a encontrar el nombre para el proyecto que estaba destinado a llegar alto.
En el 2021, Zaira postuló el proyecto de danza para adultas mayores al Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (Pecda), pero comentó que su origen y la concepción de la obra surge a partir de su propia vivencia con su madre.
“Albatros” se presentó por primera vez en Xalapa, Veracruz, de donde Zaira es originaria; además de Oaxaca, y este año planea llevarla a España. En Chiapas, incluso, han tenido presentaciones con público exclusivo de la tercera edad.
“Las mujeres de alguna manera somos albatros”, quienes buscan encontrar la propia forma para estar bien, pues desde niñas se lucha “contra todo lo que se nos está impuesto”, compartió la bailarina a Cuarto Poder.
La danza la ejecutan de manera libre dos mujeres, Conchita López Pérez y Gladis Pérez, que en el proceso de preparación fueron acompañadas por una terapeuta; “se tocan puntos y cosas que no se han tocado por mucho mucho tiempo, como la infancia de alguien de 77 años. Cuánto dolor guardamos”, explica.
“Nuestros cuerpos se vuelven como receptáculos de la tristeza porque se nos dice: ‘Bueno, no llores’”. Pero Zaira reconoce la importancia de la experiencia, el conocimiento y los caminos andados de los cuerpos de las personas mayores.
También planteó la idea de buscar otras formas de danzar sin técnicas ni rigores, sino de forma libre para que, a pesar de la etapa en la vida, las mujeres puedan gozar de plenitud y vivir la adultez con orgullo y felicidad.
Aunque reconoció la dificultad que puede tener una convocatoria para este sector de la población, no pierde la idea de crear un colectivo de mujeres adultas mayores donde compartan vivencias y movimiento.
Lucha y resistencia
Las propuestas de Zaira en la danza van en torno a la crítica social. Recordó que la primera que presentó se llamaba “Hombres grises”, basada en el libro Momo de Michael Ende, y también ha realizado homenajes por las mujeres desaparecidas.
“Tengo las herramientas para hacer una pieza que nos pueda mover algo, he tratado de que mis obras rompan un poco las estructuras”, añadió.
Zaira es licenciada en Danza Contemporánea por la Universidad Veracruzana, en Xalapa, y actualmente es artista independiente. Desde niña fue muy activa, le gustaba correr y, por supuesto, bailar.
A los 11 años junto con las niñas de la colonia donde vivía en Veracruz, bailaban coreografías y luego formaron un grupo que amenizaba las fiestas. Pero vio la presentación del movimiento “Danza callejera”, impulsado por la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana, y así descubrió en sus palabras un mundo fascinante y mágico.
Zaira quería estudiar danza aunque no había terminado la secundaria. Tomó clases de manera informal mientras esperó paciente, hasta que logró estudiar y concluir seis años de la Licenciatura en Danza Contemporánea.
Llegó a Chiapas con 25 años, tras conocer al padre de su hijo. Sucedió el nacimiento de su primogénito, pasó el tiempo y decidió quedarse. Entonces recuerda que en Tuxtla no había danza contemporánea, “vine a plantar semillas”.
Y fue por el maestro coreógrafo Rodolfo Reyes Cortés que dio clases por varios años en el Teatro de Ciudad “Emilio Rabasa” que, a decir de Zaira, se volvió como un tipo de semillero de danza contemporánea.
Presentaciones
De 2008 a 2010 hizo funciones en el Paseo de las Personas Ilustres, en la avenida Central, en el parque 5 de Mayo; bailó micro obras (microteatro) en los semáforos, pues “me gusta mucho el performance”; siempre en la búsqueda de nuevas formas.
Por momentos en su vida, Zaira se dedicó a otras labores, pero la fractura del dedo de un pie en las escaleras de su casa la llevó a replantearse su regreso a la danza y llegó a sus manos el libro La enfermedad como camino.
Cuando comprendió la somatización de sus emociones, decidió renunciar a su trabajo en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), “mi mundo tiene que ver con el movimiento, y cuando no hay, no hay búsqueda ni otra forma de ver las cosas”.
“Nos cuesta mucho poder expresar las emociones, y si las guardamos en el cuerpo se pueden transformar en tensión, en alguna enfermedad, en alguna cosa que no ligas y que no tienes ni idea, pero, cuando empiezas a moverte, mueves también tus emociones”.
Para Zaira el proceso de conocimiento puede no tener fin y a sus 45 años tiene más dudas y se cuestiona más que antes, aunque reconoce que puede replicar la enseñanza de ese otro camino donde más que maestra es la persona que comparte y acompaña en la Casa de la Danza, un espacio propio y amoroso que abrió sus puertas el año pasado en el barrio San Roque.












