"Ninguna duda cabe: el futbol es el deporte más importante del planeta. Pero más que el número de seguidores que tiene, lo caracteriza un ingrediente de comunión global que no puede presumir ninguna otra actividad. Sólo el balompié ha tenido el poder de atizar el fuego de conflictos armados, convertirse en herramienta de legitimación para las dictaduras o fungir como factor de conciliación social. Frente a esa trascendencia puede elegirse combatirlo y tacharlo como un ""opio del pueblo"" o entender su relevancia para entonces canalizar su potencial comunitario.
Del futbol podemos aprender muchas cosas. Para empezar, su capacidad de ser una especie de lenguaje global. Es un juego sencillo de aprender y fácil de jugar, sin reglas complicadas ni complejos requerimientos de equipo. Se puede desarrollar en cualquier superficie, desde la tierra hasta el cemento, y como balón llegan a usarse desde rocas hasta botes de pintura. Por eso uno halla niños, o adultos, jugando futbol tanto en las calles de París como en las llanuras de Camerún. La constitución física, además, no es muy importante a diferencia del baloncesto o el futbol americano.
En entrevista con la revista Time, Trevor Edwards, vicepresidente de la compañía de ropa deportiva Nike, explica la importancia del balompié: ""Ahora que somos una empresa de futbol hemos notado que no hay nada como la conexión emocional que la gente tiene con este deporte. Hay un instinto de comunión que viene aparejado con él. Pero al mismo tiempo, con ese instinto viene el entendimiento mutuo de la excelencia, del buen juego. No importa si eres brasileño, español o inglés, si eres bueno te sobrepondrás a las barreras"".
Existen muchos ejemplos que justifican la creencia de que, en sí mismo, este deporte tiene un ingrediente enajenante perjudicial para la atención que requieren los asuntos públicos. Las victorias deportivas sirven para atenuar los males y distraen la atención, como les sucedió a los integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas hace unos meses. Perdieron el control de Luz y Fuerza del Centro justo en el partido en el que México calificó al Mundial que inició ayer. En todo caso, la culpa de la falta de interés por los asuntos públicos no es del deporte, sino de los actores políticos que no saben generar ese apego.
Gracias al balompié los reflectores de todos los países, y también las inversiones, han viajado hasta el continente más castigado del planeta, brindándole la oportunidad de mostrarse ante el mundo. El futbol hizo lo que ni siquiera han logrado las cumbres presidenciales. (El Universal)
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