La tarea es la educación

Pocos esfuerzos han fracasado tan recurrentemente en el país como el de la reforma educativa, ponderada en los discursos oficiales y olvidada en la práctica. La mediocridad de nuestro sistema escolar es innegable incluso para los responsables del mismo, y arroja ominosos resultados con generaciones a las que es difícil incorporar al mercado laboral. Se impone pues dar un salto medible en términos de competitividad internacional.

La lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo Morales, junto con el presidente Felipe Calderón y la secretaria del ramo, Josefina Vázquez Mota, coincidieron en que el modelo educativo está agotado; si el diagnóstico es ese lo que falta es la receta con pasos y plazos para atacar el mal.

La tarea demanda la participación de maestros y autoridades, por supuesto, pero también de los padres de familia, los propios alumnos, los intelectuales y los dirigentes sociales y políticos.

Como se usa para el caso extremo de la guerra, la educación también es demasiado importante como para dejársela sólo a los maestros.

Los docentes, pieza maestra del cambio, están en el vértice del problema y de la solución al mismo. Ellos son los primeros que deben ser constantemente evaluados. Desde las propias normales de donde se titulan y durante toda su vida profesional. La capacitación permanente, básica en cualquier trabajo, en la docencia es indispensable.

Por historia política el magisterio fue decisivo en el corporativismo político nacional. Esto propició todo tipo de desviaciones, entre ellas un proteccionismo laboral, que relajó el rigor académico.

Exámenes y evaluaciones externos fueron vistos como amenazas a la vida interna del sindicato, y no como sistemas de control de calidad.

Los maestros no pueden ni deben rehuir ser evaluados y asumir su responsabilidad en caso de rezagos. Pero tampoco hay que excluirlos de la discusión acerca de las mejores herramientas para medir el desempeno pedagógico. Acaso la experiencia más reciente, la prueba ENLACE, tenga espacios de mejora, avancemos sobre ellos sin olvidar que el sentido último es calificar no al alumno, sino al maestro.

De igual manera se impone una revisión no del personal sino de la estructura de contenidos. Hay que propiciar, además de excelencia académica en los alumnos en todos los campos, su aproximación a materias atávicamente olvidadas por el sistema educativo mexicano: las ciencias exactas, las biológicas, el arte, los idiomas.

Los principios constitucionales de educación laica, gratuita, popular y pública deberán quedar totalmente intocados, sin rechazar que tanto en este ámbito como en el de la educación privada han de privilegiarse los modelos que apuesten por la modernidad y la incorporación de los estudiantes mexicanos a procesos y prácticas que les faciliten su interacción con tecnologías de punta.

La coincidencia en el diagnóstico sobre la gravedad del problema educativo es un buen punto de partida para construir acuerdos que permitan alcanzar soluciones. En esto a nadie se le puede perdonar que no haga la tarea. (El Universal)