'Memín': un conflicto de historieta

Son cíclicas las presiones que ejercen contra el Gobierno de México, tanto representantes gubernamentales como grupos sociales de mediana influencia en Estados Unidos, casi siempre con el fin de beneficiarse con ello en su política interna. En esas aguas tiene que navegar nuestra política exterior.

Pero lo de estos días resulta verdaderamente inaudito y, digámoslo así, hasta jocoso. El más reciente ataque que han enderezado contra nuestro país grupos de defensa racial estadounidenses es el que se refiere a su interpretación de un timbre postal mexicano en el que aparece la imagen del personaje de historieta Memín Pinguín, por considerarlo ofensivo para los afroamericanos. A esta crítica se sumó de forma enfática el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, calificando de impropia esta emisión postal.

Esta inconformidad sólo revela su ignorancia y desconocimiento de la cultura popular de México, entre las que se encuentra una larga historia de tiras cómicas que reflejan la vida, el habla y el sentir de los mexicanos de diversas épocas; muchas de las cuales, incluso, han sido objeto de serios estudios sociológicos para intentar el entendimiento, a través de ellas, de nuestra sociedad.

Los críticos estadounidenses ignoran que Memín no es un mero dibujo, sino el reflejo de un nino de color, travieso e hiperactivo, que se abre paso en la sociedad pese a su propia circunstancia de pobreza. Nada más lejos de cualquier discriminación. La indignación que dicen padecer grupos como los del senor Jesse Jackson y la administración del presidente George Bush, habla muy mal del nivel de análisis social y diplomático de quienes dicen luchar contra el racismo.

Este bochornoso episodio exhibe el grado de protagonismo que son capaces de alcanzar, sobre todo cuando la popularidad de cada uno de ellos evidentemente se encuentra a la baja, así como la de sus respectivos proyectos políticos. Siempre es fácil buscar la preferencia de su electorado pretendiendo mostrar una imagen fuerte hacia el exterior, aun cuando sea a costa de situaciones tan burdas como ésta.

En particular, la desproporcionada e irreflexiva reacción del senor Jackson pareciera estar motivada por su anterior desencuentro con nuestro país, en mayo pasado, a raíz de equívocas declaraciones del presidente Vicente Fox respecto a los trabajadores de color. Ya sea por protagonismo u oportunismo, este tipo de andanadas verbales y descalificaciones simplistas no sólo afectan la relación de ambos países a nivel diplomático, sino que lo hace de manera directa con el pueblo de México, que asume como agravio personal los ataques a símbolos sociales e instituciones que tienen mucha fuerza en el inconsciente colectivo.

Resulta muy elocuente que en lugar de que los supuestos defensores de los derechos humanos en Estados Unidos se sumen a la justa causa de evitar que mexicanos sean vejados en territorio estadounidense, mejor se fijen en nimiedades. Prefieren encabezar mediáticas batallas que les dan prestigio personal entre su electorado, que pugnar por que la agenda binacional México-EU concrete acuerdos que salvarían vidas humanas y coadyuvarían a mejorar las relaciones entre ambas naciones.

La fortaleza cultural de México no está en duda; es el Gobierno de Estados Unidos el que debe replantear sus propios referentes culturales y diferenciar el tamano de las batallas que en verdad vale la pena pelear. En esta ocasión, esta batalla la ha ganado, sin duda, Memín Pinguín. (El Universal)