México| ¿racista y xenófobo?

En todo el mundo, México es el país que tiene más connacionales viviendo en el extranjero con respecto a su población total. Cualquiera pensaría que, por tanto, los mexicanos son más hospitalarios que el resto con los ciudadanos de otras latitudes. Las cifras disponibles contradicen esa lógica.

De acuerdo con el estudio Las Américas y el Mundo, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), 66 por ciento de los mexicanos aprueba deportar a los indocumentados que están en su territorio y sólo 34 por ciento está a favor de permitir su entrada sin obstáculos. Más interesante resulta que el 22 por ciento apoye construir un muro en la frontera sur, lo mismo que piden los más radicales conservadores estadounidenses en el río Bravo.

Sorprende aún más que estadounidenses y españoles sean los extranjeros mejor evaluados por los mexicanos mientras ciudadanos de Guatemala y Colombia son los peor vistos. Sólo 36 por ciento tiene una percepción favorable de los guatemaltecos. ¿Por qué? No es que sea mejor lo contrario; sin embargo, vale la pena reflexionar al respecto, pues la mejor forma de evaluar a un país es a través del espejo que le ofrece el resto del mundo.

Ricardo Bucio, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), lanza una respuesta: xenofobia y racismo. Ello explicaría que la segunda Encuesta Nacional sobre Discriminación revele que casi una de de cada dos personas en México (40 por ciento) crea adecuado que las autoridades detengan e interroguen a los extranjeros centroamericanos sólo con base en su apariencia. Se trata del mismo criterio usado por la Ley SB1070 aprobada en Arizona y que generó un escándalo de este lado de la frontera. Asimismo, 42 por ciento de los connacionales no estaría dispuesto a vivir con un extranjero.

Está documentado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que en México se violan sistemáticamente los derechos de los indocumentados, tal como acusamos nosotros que sucede en Estados Unidos. Quizá la diferencia en ambos casos sea que allá ésta es una discusión permanente y hay una comunidad de paisanos que lo recuerda cada año; tal apertura no se ve en suelo nacional. La xenofobia y el racismo son temas a debate en el vecino del norte, ¿acaso no valdría la pena discutir si la sociedad mexicana padece el mismo mal respecto de sus vecinos del sur?

Estados Unidos tardó 40 años más en elegir a un presidente afroamericano que en poner a un hombre en la Luna. De ese tamaño es la dificultad humana para sobrepasar las barreras raciales y culturales. México también es diverso y nada perdería si tomara la decisión de examinarse frente al espejo. (El Universal)