Mujeres| lento avance

La participación de las mujeres en el próximo Congreso de la Unión apenas aumentará en relación con la que tienen en el actual cuerpo legislativo, la cual aún se encuentra lejos del porcentaje recomendado por instancias internacionales, de que haya, cuando menos, 30% de legisladoras; compromiso asumido por los partidos políticos mexicanos, pero evidentemente incumplido.

De acuerdo con las cifras de la votación del domingo 2 de julio dadas a conocer por el Instituto Federal Electoral, analizadas por el Instituto Nacional de las Mujeres, que preside Patricia Espinosa Torres, en la Cámara de Diputados habrá sólo 116 mujeres, de un total de 500 escanos. El incremento de damas respecto de la pasada legislatura es apenas de medio punto porcentual. En el Senado de la República, las mujeres serán 25.21% del total, 3% más que en la actualidad.

Llama la atención que la mayoría de las futuras diputadas son del Partido Acción Nacional, que tendrá 48, en tanto que el Partido Revolucionario Institucional contará con el mayor número de senadoras, 10. El Partido de la Revolución Democrática tendrá minoría de mujeres en ambas cámaras, 35 y 7, respectivamente.

Los datos llaman a la reflexión. Los partidos suelen cumplir con la cuota de 30% de candidaturas femeninas, pero es un hecho que les otorgan los distritos más complicados y difíciles de ganar, por lo que después de los comicios el número de diputadas y senadoras se reduce significativamente.

La práctica es al mismo tiempo injusta e inconveniente, pues las mujeres, que rebasan 50% del padrón electoral, aportan al trabajo legislativo enfoques necesarios desde su condición de género, principalmente en materia de bienestar social y de justicia.

Es urgente incrementar la participación de la mujer en la actividad política. Para Patricia Espinosa eso sería posible si la legislación electoral previera que, cuando no se alcanza el porcentaje de género en la votación general, se dé prioridad a las mujeres en la designación de los legisladores plurinominales.

Es una propuesta cuyos pros y contras deberán sopesarse con seriedad en la revisión total que necesariamente se tendrá que hacer a las leyes electorales, una vez que termine el actual proceso comicial.

Las mujeres deben tener oportunidades iguales a las que su decidida y valiosa actividad diaria les ha ganado entre la sociedad, todavía marcada por una tradición machista, de apariencia protectora pero en el fondo dominante.

La elección nos da cifras que revelan el largo trecho que todavía habremos de recorrer en la toma de conciencia para contar más con ellas.

Ojalá el cambio de gobierno sea también oportunidad propicia para abrir más las puertas del servicio público a las ideas femeninas mexicanas.

Tal avance tendrá que buscar nuevas estrategias de participación política. El sector femenino sin duda tiene mucho que aportar al desarrollo del país en todos los ámbitos, y uno de ellos es el político, que tanta falta tiene en estos tiempos de voces mesuradas e inteligentes, proclives a la moderación y la prudencia. (El Universal)