En el marco del Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, el obispo de Tapachula, Jaime Calderón Calderón, hizo el llamado a la población para que la justicia y el perdón permeen en todas las relaciones humanas para lograr un entorno de paz.
Expuso que aunque la justicia humana se ha convertido en algo impersonal y frío, limitando a la simple distribución de los bienes materiales, se exige que no se olvide el hecho fundamental de la gran dignidad del hombre.
En su mensaje dominical, mencionó que no basta con un deseo inicial de justicia, porque esta no se desarrolla sin la concurrencia en el mismo hombre, de fuerzas adversas que pueden alterar, deformar, negar y aniquilar su primer impulso.
Señaló que solo la justicia no basta como garantía de un orden social justo, ya que necesita recurrir a las fuerzas más profundas del espíritu que es el amor; “y solo el amor paciente y benigno, del amor misericordioso puede llevar a cabo esa corrección, y puede hacer posible que las relaciones humanas se establezcan en el espíritu del más profundo respeto de lo que es humano y de la recíproca fraternidad”.
Indicó que la “justicia mala” se ha ido convirtiendo en algo impersonal y frío, limitando su campo de influencia a las acciones externas y a la simple distribución de los simples bienes materiales.
Detalló que de ningún modo será posible un mundo más humano si la misericordia y el perdón no permean en todas las relaciones humanas, desde las más cercanas y entrañables, como son las relaciones entre familia, hasta la más lejanas e impersonales.
Puntualizó que la justicia no se manifiesta exclusivamente en el respeto exacto de derechos y deberes —como los problemas aritméticos que se resuelven a base de sumas y restas—, sino que la virtud cristiana es más profunda, ya que la única justicia que cabe en el cristianismo es la justicia modulada por la misericordia.












