Tecnología indígena se adaptó a la española

En un inicio, no se permitía que las comunidades indígenas aprendieran oficios. Diego Pérez / CP
En un inicio, no se permitía que las comunidades indígenas aprendieran oficios. Diego Pérez / CP

La tecnología indígena no desapareció con la llegada de los españoles; por el contrario, se acopló a la europea durante la Colonia, dando paso a una tecnología propiamente americana. Así lo expuso el doctor en Historia, René Correa Enríquez, en su ponencia “Historia de oficios y trabajos: Guatemala y Chiapas siglo XIX”.

La conferencia se realizó en el Museo Jtatik Samuel, como parte del foro Dialéctica, iniciativa que cumple nueve años y busca acercar a expertos e investigadores de campo al público.

Durante su intervención, Enríquez explicó la organización de los gremios, los cuales se estructuraban en tres niveles: aprendiz, oficial y maestro. Señaló que estos no eran corporaciones independientes, ya que no tenían derecho a administrarse por sí mismos y siempre estuvieron bajo tutela municipal.

“Mala raza”

El historiador destacó que, a inicios del siglo XVI, se restringía el acceso a los oficios a quienes eran considerados de “mala raza”, como judíos, cristianos nuevos, indígenas y africanos. No obstante, esta medida tuvo corta duración en América debido a la necesidad de mano de obra.

Detalló que los aprendices solían ser familiares del maestro, aunque en ocasiones se aceptaban externos. Generalmente ingresaban entre los 14 y 15 años, y debían cumplir requisitos como profesar la religión católica.

Asimismo, explicó que los barrios se desarrollaban en torno a los oficios. En San Cristóbal, por ejemplo, existieron zonas identificadas por sus actividades, como el barrio de panderos de Fátima, los fabricantes de juguetes en San Ramón o los mata-cochis de Cuxtitali.

Piratería

Enríquez señaló que entre los siglos XVI y XVIII no se podían ejercer oficios fuera de los gremios. Puso como ejemplo el caso de los sastres: quienes trabajaban sin pertenecer al gremio podían ser sancionados, encarcelados y obligados a pagar al maestro, en lo que se consideraba una forma de “piratería”.

Los gremios no solo regulaban precios, calidad y prácticas, también brindaban protección a sus integrantes. Los miembros realizaban aportaciones económicas destinadas a apoyar a enfermos, viudas y huérfanos.

El historiador subrayó que en el siglo XIX San Cristóbal contaba con alrededor de siete mil 994 labradores, es decir, personas dedicadas a trabajar la tierra. De acuerdo con registros de la época, estos no eran considerados hidalgos y ocupaban los niveles más bajos en las suscripciones de escrituras.